En tiempos de problemas económicos, la desigualdad siempre será un tema noticioso.

En especial si se trata de la desigualdad en las empresas más grandes del mundo, que despiden a trabajadores en tiempos difíciles, pero pagan sumas de dinero impactantes a sus más altos ejecutivos.

Según una encuesta de Manifest y MM&K, firma especialista en asesoría en recursos humanos, la compensación promedio a los ejecutivos de mayor rango en Estados Unidos ha aumentado desde los 80 en valores reales y relativos.

En 1983, el ejecutivo con mayor rango dentro de una organización del FTSE 100 (empresas más representativas) ganaba en promedio 40 veces lo que el trabajador común, en el 2011 ese numero se disparó a 139 veces.

El promedio de salario a trabajadores comunes podría haber disminuido porque las empresas se han vuelto globales, así que la comparación se hace entre salarios de muchos países, haciendo parecer más dramático al número.

Muchos protestan, argumentando que lo que ganan los directivos es demasiado. Sin embargo, los accionistas de las empresas no parecen querer reducir esos salarios.

En el 2010, el ejecutivo promedio ganaba 32 por ciento menos que en 2011, según la misma encuesta.

El problema no es la organización o inclusive el directivo en sí. Los directivos generan un importante rendimiento a los accionistas. Tomar decisiones y elaborar planes de crecimiento es un trabajo que se ha vuelto cada vez más especializado.

Se requiere de conocimientos únicos en negocios, finanzas y administración, que solo las mejores universidades están enseñando.

Por ello es que pocos logran estar calificados para el trabajo, y por lo tanto se les pagan grandes cantidades para atraerlos.

No se debe castigar a los directivos o los accionistas, sino ajustar el nivel educativo público a lo que se requiere para manejar una empresa de manera competitiva.

Solo así podrá haber más personas calificadas para el puesto, y por lo tanto menos necesidad de pagar cantidades que a veces parecen ridículas por un director general.