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Putin a la deriva

El día de ayer, en su tradicional conferencia de prensa de fin de año, el presidente ruso Vladimir Putin culpó a Estados Unidos y a la Unión Europea de los problemas económicos a los que su país se enfrenta. 

Además, advirtió que la crisis podría continuar por los próximos dos años.

60
por ciento la depreciación aproximada que el rublo ha experimentado frente
al dólar de junio a diciembre de este año
La población rusa comenzó a almacenar víveres y productos básicos, y a comprar activos antes de que el rublo se deprecie aún más

El día de ayer, en su tradicional conferencia de prensa de fin de año, el presidente ruso Vladimir Putin culpó a Estados Unidos y a la Unión Europea de los problemas económicos a los que su país se enfrenta. 

Además, advirtió que la crisis podría continuar por los próximos dos años.

Rusia se enfrenta a un largo y frío invierno económico. No sólo se prevé que caiga en una recesión el próximo año, con una contracción de 5 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB), sino que además su moneda, el rublo, perdió casi 60 por ciento de su valor contra el dólar entre junio y diciembre de este año. 

Esto ha contribuido a impulsar significativamente la inflación, que se estima rebasará el 9 por ciento al cerrar el año. 

Lo que es peor, las acciones del Banco de Rusia para combatir esta estanflación y proteger al rublo no han funcionado.

Putin tiene razón al apuntar que las sanciones económicas impuestas por los países de occidente han contribuido significativamente a los problemas de Rusia. 

Pero expertos señalan que las políticas económicas de su gobierno comparten responsabilidad en esta situación. Un claro ejemplo de esto es la dependencia excesiva de Rusia sobre la producción de hidrocarburos.

La industria energética representa más de la mitad del presupuesto federal de Rusia, dos tercios de sus exportaciones y hasta un cuarto de su PIB. 

En consecuencia, la caída de casi 50 por ciento en los precios petroleros en los últimos seis meses ha dado un duro golpe a las paraestatales rusas, y ha dificultado la respuesta a la crisis por parte del gobierno.

Estrategia de pánico

El banco central ruso no sólo sorprendió a los mercados esta semana con el mayor incremento en su tasa de interés desde 1998, pasando de 10.5 a 17 por ciento, sino que además ha intervenido directamente en el mercado, usando 90 mil millones de dólares de sus reservas para comprar rublos e intentar frenar la caída de la moneda.

Estas tácticas no han logrado frenar más que momentáneamente el declive del rublo, y mientras el gobierno ruso considera imponer severos controles en los mercados para evitar la fuga de capital, el pánico se ha expandido. 

La población comenzó a almacenar víveres y productos básicos, y a comprar activos antes de que el rublo se deprecie aún más. 

Al mismo tiempo, el rendimiento de la deuda pública, que está denominada en dólares en más de 84 por ciento, ha saltado a niveles más altos que los de la deuda de Grecia. 

La deuda privada no se encuentra en una situación mucho mejor, poniendo en aprietos a empresas y bancos por igual.

Como resultado, las preocupaciones sobre un posible default están creciendo, y autoridades, expertos y la población en general temen una repetición de la crisis de 1998, cuando el país cayó en un incumplimiento de pagos de su deuda pública después de experimentar una severa crisis financiera.

Quizá la única solución que realísticamente podría cambiar la situación es si se pusiera fin a las sanciones económicas y Rusia volviera a tener acceso a los mercados internacionales de capital. 

Pero con Putin rehusándose a ceder ante las demandas de Occidente, es altamente improbable que esto suceda.

Volver a 1998

El derrumbe reciente de la economía rusa evoca la crisis financiera que vivió el país en 1998. 

A pesar de que las circunstancias macroeconómicas son diferentes, hay paralelismos que levantan la posibilidad de que Rusia caiga de nuevo en un default.

El 17 de agosto de 1998 el rublo sufrió una depreciación de 27 por ciento, que originó una fuerte alza en la inflación, así como el cierre de bancos y negocios a lo largo del país. 

Esto se sumó a la tendencia bajista de la divisa, que llegó a perder 70 por ciento de su valor en seis meses. 

El PIB de Rusia tardó más de siete trimestres en recuperar su nivel previo al golpe en su mercado cambiario.  

La diferencia macroeconómica fundamental entre 2014 y 1998 es que entonces contaban con un bajo nivel de reservas internacionales.  

El Banco Central de Rusia estima que el país contaba con casi 419 mil millones de dólares de reservas al cierre de noviembre de este año. En cambio, hace 16 años, la cifra alcanzaba apenas 16 mil millones de dólares.

Sin embargo, Carmen Reinhart, economista de Harvard, argumenta que un alto nivel de reservas no puede contrarrestar los malos fundamentos económicos de un país.

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