El alza en los precios de productos ha dejado de ser el único temor a la hora de comprar la despensa, los mexicanos no solo se enfrentan a una inflación de 8.62 por ciento, también han visto cómo los productos empaquetados han reducido su gramaje y el costo no solo no baja, aumenta.

Especialistas en economía coinciden en que la reduflación -cuando los productos disminuyen su contenido para no aumentar el precio- es una de las medidas implementadas por las empresas en México para hacerle frente a la inflación.

Sin embargo, para evitar que el consumidor final sea quien pague el precio más caro se requiere una estrategia coordinada con la Iniciativa Privada.

El pasado 22 de agosto, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) señaló que los precios de la canasta de los 24 productos básicos de mayor consumo entre la población mexicana empezaron a mostrar estabilización, sin embargo, Julio César Hernández, comerciante en una tienda de abarrotes, dijo que no lo ha visto del todo en su dinámica de negocio.

“A partir de marzo hubo una serie de productos que comenzaron a reducir la cantidad de producto en sus presentaciones: aceite, detergentes, servilletas y papel higiénico, principalmente”, además el comerciante calcula que se redujo entre un 15 y 20 por ciento la cantidad de producto.

Para hacer frente a la evolución en el consumo tuvo que incluir productos que no estaban en su inventario.

“En el caso de los aceites, algunas marcas redujeron su presentación de un litro a 700 mililitros, con un costo de 48 pesos; hay marcas que son de menor calidad, pero por un precio similar ofrecen un litro completo y la gente las prefiere; yo no las vendía, pero ante la demanda tuve que incluirlas”.

Innovación, parte de la receta

Francisco Madrazo, maestro en Economía y en Administración Pública asegura que la reducción en la cantidad de productos es una medida de la esfera empresarial: “el sector público lo único que revisa es que se cumplan las reglas y normas establecidas”.

Señala que la reducción de contenido es una medida a corto plazo.

“Lo que debería hacer el productor es una mayor innovación en productividad, en tecnología, en desarrollo de productos, que además de dejarle mayores ganancias tendrá un impacto social, generando más empleos y mayor demanda”.

Para no perder el margen de ganancia, las empresas reducen la cantidad o el número de producto que viene en el contenido, y de esta manera el consumidor final no lo rechace por un incremento en el precio, sin embargo, la medida más allá de beneficiarlos les afecta, apunta el economista Luis Alberto Vargas.

“Si bien es un fenómeno casi exclusivo de las empresas, no es sano, porque primero al reducir la cantidad de producto, incluso el tipo o la dinámica de servicio, las familias gastan el mismo dinero, pero consumen menor cantidad o productos de menor calidad y afecta directamente su calidad de vida. En realidad, la empresa mantiene su margen de ganancia, por lo regular quienes pierden son las familias”.

El especialista señala que falta mayor participación de la iniciativa privada. “(Las empresas) deben asumir su responsabilidad y la pérdida de ganancia que se da al momento que se dan tasas elevadas de inflación, porque en las economías capitalistas siempre el incremento en precios se refleja hacia el consumidor y pocas veces hacia las empresas”.

Medidas para salir a flote de la inflación

Tanto Francisco Madrazo como Luis Alberto Vargas coinciden en que México ha hecho frente a la inflación con medidas gubernamentales que han logrado que el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania o la pandemia no sea tan grave.

“El gobierno lo que ha hecho es subsidiar la gasolina para que los costos de producción no se disparen. Económicamente hablando deberíamos haber invertido en infraestructura, promover la inversión privada, ciencia y tecnología y mayor educación, pero requieren muchos recursos y son medidas con resultados a largo plazo. Cuando hay crisis como la que atravesamos se necesitan medidas en el corto plazo, porque la inconformidad social se puede venir encima”, dijo Francisco Madrazo.

Por su parte, Luis Alberto Vargas hace énfasis en que la inflación de 8.62 por ciento que vivimos es la más alta desde el año 2000, “aunque el Banco de México ha hecho su trabajo para mantenerla a raya. Al incrementar las tasas de interés se fomenta el ahorro, quitar dinero de circulación presiona la baja del consumo y esto obliga a las empresas a disminuir los precios de los productos para regularizar la tasa de inflación”.

A corto plazo considera que la inflación estará entre ocho y 10 por ciento, “dependerá mucho de lo que suceda entre Rusia y Ucrania, creemos que no nos afecta tanto, pero prácticamente la mitad del problema de inflación que tenemos tiene relación con ese conflicto, derivado de la crisis de gas y petróleo”.

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