El lunes aterrizó en Marte el robot espacial de la NASA, Curiosity, o curiosidad en español. “El presidente Barack Obama ha fijado la ambiciosa meta de enviar humanos a Marte a mediados de la década de 2030, y el aterrizaje de hoy supone un paso significativo en el logro de ese objetivo”, dijo ese día Charles Bolden, titular de la NASA.

Por supuesto que es un logro significativo y que le urgía a la agencia espacial, pues un poco de publicidad le da armas contra recortes presupuestales que amenazan con suprimir muchos más proyectos “curiosos”.

Los exploradores como el Curiosity, y tal vez cualquier proyecto espacial desde el fin de la guerra fría han estado constantemente bajo presión pública.

Cuando en 1993 se perdió comunicación con el “Mars observer”, otro robot que estaba por aterrizar en el planeta rojo, la prensa estadounidense cuestionó sobre el “desperdicio” de 800 millones de dólares que costó el proyecto.

Desde luego que en la ciencia hasta el fracaso es útil, pues permite comprender más sobre las causas de la falla, pero sin fotos bonitas, resulta difícil convencer al público que valió la pena la inversión.

Cambio de prioridades

Por años, la inversión en NASA se definía en los términos de la “Visión por exploración espacial” anunciada por el presidente George Bush en el 2004, y que tenía como un objetivo regresar al hombre a la luna.

Pero con las presiones presupuestales que la crisis financiera mundial impuso en el gobierno, y debido a que se necesitarían 3 mil millones de dólares adicionales al año para lograr el objetivo, la administración de Obama decidió cancelar la mayoría de los programas de exploración espacial humanos.

La agencia concentraría sus esfuerzos en ciencias naturalesy de la tierra, que tienen más aplicaciones redituables en el corto y largo plazo, como satélites más avanzados de comunicación y meteorológicos.

Las exploraciones humanas espaciales se intentarían hacer con empresas privadas alentadas por apoyos económicos en forma de premios. La competencia privada agilizaría las misiones y las harían más económicas.

Para ello, la NASA comenzó por retirar a los costosos transbordadores espaciales y detuvo el financiamiento a un nuevo vehículo espacial que estaba diseñando con el propósito de reemplazar a los transbordadores.

Sin vehículos para viajes espaciales, la NASA ha tenido que subcontratar sus misiones de abastecimiento a la estación espacial internacional y los lanzamientos de nuevos satélites.

Un ejemplo es SpaceX, una empresa que ha recibió más de 400 millones de dólares de la NASA para desarrollar una nave que logró llegar a la estación espacial internacional.

Por ello, la empresa ha ganado mil doscientos millones más, por un contrato de 12 misiones de abastecimiento.

Impulsando a terceros

Pero a consecuencia del éxito con la iniciativa privada, la agencia ha encontrado cada vez más difícil pedir recursos al Congreso.

Ninguna otra agencia del gobierno provee de servicios en los que el sector privado se ha vuelto tan competitivo.

Incluso el Departamento de la Defensa, que se ha caracterizado por subcontratar de manera ambiciosa en los últimos años, por obvias consideraciones de seguridad nacional, se niega a delegar las tareas de investigación a terceros.

En cambio, para los descubrimientos que salen de la NASA, es difícil ver los resultados inmediatamente.

Además, si acaso hay presión política es por desmantelar a la agencia más que incrementar sus presupuestos.

El presupuesto federal que se gasta en investigación y desarrollo es un espejo de esas prioridades.

Más de la mitad de éste se ejerce en proyectos de defensa, como escudos contra misiles o armas más avanzadas.El segundo lugar lo ocupan los Institutos Nacionales de Salud.  En cambio la NASA tiene un presupuesto de investigación parecido al del departamento de Energía, aún así es eficiente, pues en el 2011 logró 104 de las 108 metas de desempeño que el Congreso le había impuesto a la agencia.

Por lo anterior, que haya sido exitosa en poner un vehículo de casi una tonelada de peso en el planeta rojo aplacará a los escépticos por unos años más.

Tal vez, pensarán los congresistas más contrarios a financiar a NASA, la agencia sí puede hacer algunas cosas que la iniciativa privada todavía no ha podido lograr.