12
por ciento
es la depreciación que ha sufrido el peso mexicano en lo que va del año, un reflejo de la salida de capitales de la periferia emergente
"Es muy difícil esperar que venga del exterior el crecimiento económico que nos vaya a sacar de las circunstancias actuales"
Agustín CarstensGobernador de Banco de México
México es un país que cuenta con pocos controles de capital y alta tenencia de instrumentos de deuda por parte de extranjeros, además de que su divisa es de las más operadas a nivel mundial. Esto vuelve al país susceptible ante los cambios en los flujos de capital
Ante la caída del precio del petróleo, que representa un tercio de los ingresos federales, el gobierno propuso un recorte de 221 mil millones de pesos al presupuesto federal del siguiente año en relación a lo aprobado para 2015
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México no es cualquier mercado emergente. 

El país cuenta con estabilidad macroeconómica, ha emprendido una serie de reformas estructurales y se beneficiará de la recuperación de Estados Unidos en un contexto de desaceleración global. Ésa es la apuesta que puede ser inferida del discurso oficial.

Ante la debacle de las economías emergentes, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, declaró hace unos meses que era el mejor momento para que México se diferenciara.

Desde Brasil hasta Rusia, los países emergentes se han enfrentado a lo largo del año a una fuerte depreciación de sus divisas, a una fuga de capitales derivada de la normalización de la política monetaria de Estados Unidos, y a la baja en el precio de las materias primas. En conjunto, esto se ha traducido en menores pronósticos de crecimiento.

Después de haber sido el motor económico global que sustituyó el crecimiento de los países avanzados en los años posteriores a la crisis financiera de 2008, el mundo emergente tiene ante sí un problema estructural de expansión económica.

Destino compartido

México no es inmune a esta coyuntura. 

El país comparte muchos de los síntomas de malestar de los países emergentes. Pese a que la promulgación de las reformas vino acompañada de promesas de elevar el crecimiento potencial de la economía a 5 por ciento para el final del sexenio y a que el país cuenta con una calificación crediticia de grado de inversión, la perspectiva es poco alentadora.

El 2016 será un año particularmente difícil para México: ante la caída del precio del petróleo, que representa un tercio de los ingresos federales, el gobierno propuso un recorte de 221 mil millones de pesos al presupuesto federal  del siguiente año en relación a lo aprobado para 2015.  

La expectativa de crecimiento ha sido constantemente modificada a la baja y el Banco de México espera que el país crezca únicamente entre 2.5 por ciento y 3.5 por ciento en 2016.

La volatilidad y la incertidumbre continúan siendo las principales características del entorno financiero internacional. 

México es un país que cuenta con pocos controles de capital y alta tenencia de instrumentos de deuda por parte de extranjeros, además de que  su divisa es de las más operadas a nivel mundial. Esto vuelve al país susceptible ante los cambios en los flujos de capital, lo que se ha traducido en una depreciación del peso frente al dólar de casi 12 por ciento en lo que va del año.

Alarmas tardías

Sin embargo, las alarmas tardaron en sonar en México debido a sus fuertes vínculos comerciales con Estados Unidos, la única economía de gran tamaño con perspectivas factibles de recuperación. La esperanza de que México rompiera con la narrativa emergente se ancló al desempeño económico de Estados Unidos.

Dado que la recuperación estadounidense no logra consolidarse, han surgido cuestionamientos sobre la habilidad de la economía mexicana para salir adelante por sí misma.

Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México (Banxico), declaró que la recuperación de la economía de Estados Unidos no le dará a México el impulso suficiente para alcanzar las tasas de crecimiento que el país necesita.

Los datos económicos de Estados Unidos no han sido lo suficientemente contundentes para demostrar que el país se encuentra en la senda de una sólida recuperación. En ese sentido, a pesar de que el mercado pronosticó a inicios de este año que la Reserva Federal subiría la tasa de interés por primera vez en casi una década, el banco central ha postergado su decisión constantemente.

Ante la falta de una proyección clara de hacia dónde se dirige la economía de Estados Unidos, aún no existe un consenso respecto a cuándo se realizará el eventual incremento en los tipos de interés.

Este escenario ya está haciendo estragos en el sector externo de México, el sector más dinámico de la economía nacional.

A inicios de mes, Manuel Sánchez, subgobernador de Banxico, realizó una presentación en Nueva York en la que argumentó que las exportaciones mexicanas se encuentran fuertemente relacionadas con los datos de producción industrial de Estados Unidos.  

Ambas variables han venido a la baja desde finales del año pasado. 

Mientras que la producción industrial estadounidense registró una tasa de crecimiento en el tercer trimestre de 2015 que representa menos de la mitad del promedio de los últimos veinte años, las exportaciones no petroleras de México crecieron dos puntos porcentuales debajo de su promedio de las últimas dos décadas en el segundo trimestre del año.