La generación millenial, que comprende a jóvenes nacidos entre principios de la década de los ochentas y finales de la década de los noventa, tiene un camino difícil por recorrer.

No es casual que los jóvenes de los países desarrollados  mantengan una perspectiva pesimista del futuro. Por primera vez desde que terminó la Segunda Guerra Mundial existe el consenso de que las condiciones de los jóvenes de esta generación serán peores que las de sus padres.

Esta perspectiva no es una mera cuestión de percepción. La firma de consultoría McKinsey & Co. emitió un reporte en el que argumenta que la época de los grandes rendimientos en activos en los que suelen invertir los fondos de pensiones está por terminar. Esto quiere decir que los planes de retiro para la población que aún no cumple los 30 años de edad son poco alentadores.

De acuerdo a los cálculos de McKinsey, en relación a la generación que les antecede, los millenials deberán de trabajar siete años adicionales o disminuir su gasto y ahorrar el doble para  obtener los mismos beneficios de su fondo de retiro.

El título del reporte habla por sí mismo: “Rendimientos a la baja: Por qué los inversionistas necesitan reducir sus expectativas”. McKinsey explica que los altos rendimientos  registrados en acciones y bonos de Estados Unidos y Europa occidental en los últimos 30 años se deben a la combinación de una serie de factores que difícilmente se repetirán en los próximos 20 años.

La consultora plantea dos escenarios: uno optimista, en el cual la economía global se recupera y sale del estancamiento secular; así como otro escenario pesimista, en el que el crecimiento mediocre que ha sido característico del periodo post crisis prevalece.

Incluso en la perspectiva optimista,  se prevé que el rendimiento que tendrán los activos en cuestión será menor al registrado en las últimas tres décadas.

Los cuatro jinetes de las pensiones

McKinsey identifica cuatro factores que explican por qué los altos rendimientos del pasado están por cambiar de dirección: reducción continua de los niveles de inflación, crecimiento del producto interno bruto, tasas de interés en niveles históricamente bajos y altos niveles de ganancias corporativas.

En primer lugar, los últimos 30 años se caracterizaron por políticas monetarias abocadas a reducir altas tasas de inflación. El impacto de estas políticas se transfirió hacia una mejora en el rendimiento de los bonos y las acciones de las economías desarrolladas. 

Esto contrasta con las perspectivas de inflación en el largo plazo. Actualmente, los países desarrollados se enfrentan a presiones deflacionarias que están siendo combatidas con políticas de estímulo que tarde o temprano se reflejarán en más inflación.

El rendimiento real de un activo resulta de las ganancias de capital menos la inflación. Por lo tanto, el cambio en el nivel de precios representa una variable fundamental para los inversionistas, particularmente para los fondos de pensiones que suelen invertir en activos de bajo riesgo y bajo rendimiento.

Por otra parte, las expectativas de crecimiento para los siguientes 20 años se encuentran muy por debajo del crecimiento registrado en los últimos 30. McKinsey refiere que esto se debe a fenómenos que ocurren periódicamente: un incremento en la productividad debido a la revolución de las tecnologías de la información, el aprovechamiento de un bono demográfico y la apertura de fronteras por la globalización.

Ante la ausencia de estos cambios, y con los problemas estructurales que enfrenta la economía global, McKinsey prevé, en el mejor de los casos, que el producto interno bruto mundial se expanda anualmente 3.4 por ciento en promedio en las siguientes dos décadas.

Peligroso optimismo

En medio de lo que podría ser la peor crisis de los fondos de retiro en los último años, los mexicanos mantienen una confianza extremadamente optimista en relación a su futuro financiero.

El año pasado, BlackRock, la firma de administración de activos más grande del mundo, realizó una encuesta a 27 mil 500 personas de 20 países para conocer sus perspectivas de financiamiento personal a futuro.

Los resultados de la encuesta arrojan que el 65 por ciento de los mexicanos son optimistas respecto a su futuro financiero, por encima del promedio global de 56 por ciento.

A pesar de la divergencia entre los bajos niveles de ahorro de los mexicanos y la perspectiva de un futuro positivo, el 85 por ciento de los mexicanos respondieron que saben cuál es el monto necesario para satisfacer las necesidades en su retiro. La cifra contrasta con el promedio global de 50 por ciento.

La encuesta revela dos cuestiones respecto a la percepción que guardan los mexicanos de sus finanzas personales: no sólo subestiman la cantidad de ahorro necesaria para asegurar un determinado nivel de vida durante el retiro, sino que además subestiman el consumo que efectuarán en el corto y el mediano plazo. Esta combinación no resulta nada alentadora.