50

por ciento de los jóvenes mayores de 20 años en México no realiza alguna actividad física en su vida

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Uno de los aspectos más polémicos de la reforma fiscal que entró en vigor este año fue la creación de un nuevo impuesto a la comida chatarra y los refrescos.

El objetivo, de acuerdo al discurso oficial del Gobierno Federal, es combatir los problemas de sobrepeso y obesidad que padecen siete de cada 10 mexicanos.

La lógica es sencilla, si los alimentos y bebidas que tienen mayor contenido calórico son más costosos, las personas dejarán de comprarlos y optarán por comida saludable.

Este tipo de prácticas económicas no son aceptadas por todos los especialistas. Controlar el consumo de la población a través de impuestos no es sencillo, pues a menudo las personas comen lo mismo, pero a un mayor precio, o se fomenta el contrabando de productos.

A pesar de que existen diversas opiniones sobre el tema, el punto en el que todos concuerdan es que, para reducir los niveles de sobrepeso, cualquier política pública debe estar acompañada de un fomento al deporte.

Es por esto que las políticas del Gobierno Federal parecen tener sólo un propósito recaudatorio y no de salud.

Por segundo año consecutivo, el Poder Ejecutivo propone una reducción en el presupuesto otorgado a fomentar el deporte en el país. En el 2013, la ley de egresos establecía una partida de 5 mil millones de pesos para el deporte bajo el rubro de “Acciones para la prevención del delito, combate a las adicciones, rescate de espacios públicos y promoción de proyectos productivos”.

En la ley vigente de egresos para este año, el mismo gasto en deporte se redujo un 57 por ciento para llegar a los 2.1 mil millones de pesos.

Ahora, el paquete económico propuesto por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para el 2015 contempla una reducción de 35 por ciento del gasto de este año.

Esto significa que, si se aprueba la propuesta del Ejecutivo, el siguiente año el deporte en México contará tan sólo con 1.3 mil millones de pesos.

En comparación, los gastos de diputados federales y senadores tendrán una partida 13 veces más grande.

Obesidad económica

La obesidad y el sobrepeso generan un problema de salud que el Estado debe atender, lo que significa un costo al erario.

Los programas de salud pública deben, por ejemplo, cubrir el tratamiento de personas con problemas de diabetes, una enfermedad ligada con la mala alimentación y el sobrepeso.

Para mitigar este impacto económico, el gobierno propone recaudar más impuestos. El problema es satanizar unos productos por encima de otros.

Los productos gravados con la reforma fiscal por su alto contenido calórico, no son los únicos que causan obesidad. El problema de peso de una persona suele ser el resultado de una mala dieta en general.

Además, existe el problema de la falta de alimentos sanos o su elevado costo. Es más caro comer saludable en México que comer comida chatarra.

Por ejemplo, existen comunidades en el país que carecen de un suministro adecuado de agua potable, pero tienen un abastecimiento regular de refrescos. Es decir, es más fácil tomar una Coca-Cola que agua.

País pesado

Aunque la solución del actual gobierno en contra del sobrepeso puede no ser la más acertada, el diagnóstico es el correcto.

México es el país con más problemas de obesidad y sobrepeso de todo el mundo, incluso por encima de Estados Unidos, a quien el año pasado le quitamos el trono.

La Organización Mundial de la Salud afirma que la principal causa de estos problemas físicos es el desbalance entre las calorías consumidas y las gastadas. 

Lo anterior se produce por dos factores: el consumo de alimentos con alta densidad energética y el aumento de la inactividad física.

La reforma fiscal sólo ataca el primero de estos problemas y lastima el consumo interno (uno de los principales indicadores económicos que ha frenado el crecimiento este año).

De acuerdo con la Central Ciudadano y Consumidor, aproximadamente el 50 por ciento de los jóvenes mayores de 20 años no realiza ninguna actividad física.

Mientras que el gobierno continúa con su lucha contra la obesidad, las empresas de refrescos y botanas disminuyen sus ventas y los bolsillos de millones de consumidores se adelgazan.