“Hemos tomado estas medidas porque el panorama económico ha cambiado dramáticamente. Los indicadores de actividad económica han caído fuertemente, en muchos casos a niveles que no se veían desde la crisis financiera y en algunos casos a niveles mínimos históricos” 

Mark Carney

Gobernador del Banco de Inglaterra

La incertidumbre generada por la decisión del Reino Unido de salir de la Unión Europea (Brexit) ya está pesando sobre la economía británica. Frente a la fragilidad de los indicadores de consumo e inversión privada, el Banco de Inglaterra puso en marcha un amplio paquete de estímulo que fue reminiscente del escenario que enfrentó el banco central en la crisis global de 2008.

Por primera vez en siete años, el Banco de Inglaterra recortó su tasa de interés de referencia en 25 puntos base para llevarla a un mínimo histórico de 0.25 por ciento. A pesar de que la medida era ampliamente esperada por el mercado, la robustez del paquete de estímulo dejó en claro que el banco central está dispuesto a “hacer lo que sea necesario” para sacar adelante a la economía británica, tal como lo expresó Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, después de que se dio a conocer el resultado del referéndum del pasado 23 de junio.

Aunado al recorte de tasas de interés, el banco central anunció que incrementará su hoja de balance en 232 mil millones de dólares como parte de un programa de compra de activos parecido al relajamiento cuantitativo que utilizó la Reserva Federal para inyectar liquidez al sistema financiero después de la crisis global de 2008.

Además, el discurso del Banco de Inglaterra hizo énfasis en que la política monetaria podría incurrir en una profundización de las medidas de estímulo.

La agresividad de estas políticas se encuentra en proporción con el cambio en los pronósticos que publicó el banco central respecto del crecimiento de la economía británica. Aunque se dejó intacta la proyección de que la economía británica crecerá 2 por ciento este año, el pronóstico para 2017 sufrió un recorte del cual no se tiene precedente: de 2.3 por ciento a 0.8 por ciento.

En ese sentido, Mark Carney expresó en conferencia de prensa: “Hemos tomado estas medidas porque el panorama económico ha cambiado dramáticamente. Los indicadores de actividad económica han caído fuertemente, en muchos casos a niveles que no se veían desde la crisis financiera y en algunos casos a niveles mínimos históricos”.

La decisión del Banco de Inglaterra de privilegiar un relajamiento de la política monetaria pone de relieve que la debilidad de la demanda es vista como un mayor riesgo que el potencial incremento inflacionario derivado de la depreciación de la libra esterlina. Desde el 23 de junio, la moneda británica ha perdido el 11.28 por ciento de valor frente al dólar.
 
Divergencia monetaria
 
El recorte de tasas de interés en Reino Unido ha reconfigurado el tablero de política monetaria de los principales bancos centrales del mundo.  Después de la crisis global, la narrativa económica y financiera ha estado determinada en gran medida por las acciones de estos bancos. Las tasas de interés de referencia de Estados Unidos, Japón, Europa y Reino Unido fueron llevados a niveles cercanos a cero.   

Ante una recuperación que no se ha consolidado cabalmente, únicamente la Reserva Federal de Estados Unidos se encaminó hacia una normalización de su política monetaria, mientras que los bancos centrales de Japón y Europa siguen adheridos al status quo. En medio de este espectro se encontraba el Banco de Inglaterra antes del Brexit.

Sin embargo, el agresivo paquete de estímulo que anunció el banco central británico sitúa a su política monetaria en línea con la de Japón y Europa, haciendo más evidente la divergencia entre los mayores bancos centrales del mundo. Esta divergencia es citada por el consenso de analistas como uno de los factores que explican en mayor medida la volatilidad que ha caracterizado a los mercados financieros en el mundo poscrisis.