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La transformación del recreo

Nayeli Meza Orozco

El poder adquisitivo de los mexicanos se ha deteriorado en las últimas décadas. La diferencia es abismal al comparar qué compraban los niños de antes y ahora durante el receso


Abr 30, 2019
Lectura 6 min
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“Me considero afortunado porque fui parte de una generación que pudo tener más con menos”

- Andrés Carreón

Empleado

El menú del recreo se ha modificado. Ady León recuerda que cuando acudía a la primaria en la década de los 90 tener 10 pesos era garantía de una comida completa: dos hot dogs, un Pau Pau, un dulce y un paquete de galletas.

Hoy, esa misma cantidad apenas le alcanza a las niñas y niños para cubrir un paquete de chicles, un sándwich o una sopa instantánea durante el receso escolar.

“El dinero que nos daban nuestros padres cuando éramos pequeños nos rendía y todavía en la salida podíamos comprar alguna golosina para caminar hacia casa. En la actualidad esto es prácticamente imposible”, comenta la coordinadora de relaciones públicas y marketing online de Lamudi.

La economía mexicana atravesó por diferentes crisis desde la década de los 80 hasta la caída de Lehman Brothers en 2008, que llevaron a la moneda mexicana a perder más del 60 por ciento de su valor, de acuerdo con datos de la Secretaría de Trabajo.

México logró sortear las tormentas de 1982 y 1987, pero en enero de 1993 entró en vigor una disposición con la que se eliminó tres ceros al peso. La medida, aplicada durante el gobierno del expresidente Carlos Salinas, buscó darle estabilidad al Producto Interno Bruto (PIB), sobre todo, en el tema del control de la inflación.

En ese entonces, un kilo de huevo valía aproximadamente 35 mil o 40 mil pesos y un pantalón alcanzaba hasta los tres millones de pesos. De modo que una vez que se le quitaron los tres ceros a la moneda, mil pesos equivalían a uno.

Ady León, quien hoy tiene 31 años, comparte que el escenario que ve frente a ella no se lo imaginó cuando era pequeña, pues aunque sus padres realizaban sacrificios para sacarla adelante a ella y a sus hermanas nunca se enfrentaron a desafíos similares a los actuales.

“En este momento con 10 pesos ya no te alcanza para nada, pero si te pones a pensar en comida no hay manera de que compres lo mismo que hace 30 años”, detalla.

Nostalgia, el ingrediente secreto

Las marcas apelan a la nostalgia para acercarse a los consumidores mexicanos. Una de las principales estrategias es relanzar alimentos o productos que fueron populares en décadas pasadas. Sin embargo, algunas mercancías se han mantenido vigentes dentro del gusto de los consumidores todo este tiempo.

En las cooperativas escolares es muy común ver productos como el Pulparindo, golosina que, para aquellos que nacieron en la década de los 80, es muy recordada y que se asocia a un estado de felicidad, revela un análisis elaborado por Roberto Rojas y Eduardo Kassab para la empresa de datos, información y consultoría Kantar.

“Vivimos en una época de revivir sentimientos donde la nostalgia se ha transformado en una forma con la que las marcas se pueden conectar con los consumidores para generar relaciones significativas”

- Roberto Rojas

Kantar

Los dulces enchilados ocupan un lugar especial en el gusto de los mexicanos sin importar su edad. Los noventeros y los nacidos en 2000 ubican entre sus favoritos a los dulces como las Ollitas, el Miguelito, las paletas en forma de mango, sandía y elote cubiertas de chile, y las Picafrescas.

Pero las golosinas no son el único elemento presente durante el recreo. Aunque las actuales generaciones adoptaron juegos característicos de la época de sus papás, como los tazos y trompos, la tecnología es la reina dentro y fuera de los salones de clases.

“Las marcas se insertaron en el mundo digital, pasaron de vender triciclos a videojuegos basados en los sentimientos que estos objetos les generaban a las personas en su infancia”, dice Eduardo Kassab.

Enfrentar la situación

Para este año, la celebración del Día de las Niñas y Niños en la Ciudad de México no tendrá la sonrisa acostumbrada en contraste con años anteriores por dos factores: la tasa de desempleo aumentó a 3.6 por ciento durante el primer trimestre de 2019 a nivel nacional, y el Inegi reportó una menor creación de empleos de enero a marzo.

La derrama económica estimada para este 30 de abril en la capital del país es de 504.9 millones de pesos, monto solo dos por ciento superior que en 2018, de acuerdo con la Cámara de Comercio Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope Servytur).

Andrés Carreón, quien nació en 1987, mira con nostalgia su infancia, pues con 10 pesos en el recreo podía comprar todo lo que quisiera e, incluso, le alcanzaba para ahorrar parte de su mesada.

A la fecha, esta situación la vive de diferente manera con sus dos hijos, ya que a Jimena, su pequeña de cinco años, esa cantidad apenas le alcanza para comprar un jugo.

“Me considero afortunado porque fui parte de una generación que pudo tener más con menos, actualmente todo cuesta mucho más dinero, pero es entendible porque la dinámica económica ha cambiado y debemos adaptarnos a eso”, refiere Carreón, quien tiene dos trabajos para poder solventar los gastos familiares.

No obstante, el papá de 32 años ha puesto las fichas a su favor con ayuda de su esposa Gloria: acostumbran a sus hijos a consumir productos más sanos, al grado de que su primogénita les pide frutas y verduras en lugar de frituras.

Andrés Carreón es consciente de los retos que sus hijos enfrentarán en el futuro en materia financiera, pero es contundente al asegurar que desde ahora los están preparando para salir adelante.

“Los desafíos que vivimos no son exclusivos de mi familia, por eso les estamos inculcando una cultura basada en el esfuerzo para que siempre sean los mejores sin importar las circunstancias”


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