La peor crisis financiera desde la década de 1930 cumplió ayer cinco años, pero sus efectos todavían continúan vivos en todo el mundo.

Como consecuencia de la crisis, varias instituciones financieras colapsaron y los gobiernos tuvieron que acudir al rescate de los bancos, mientras los mercados bursátiles cayeron alrededor del mundo.

La actividad económica global disminuyó y entró en un periodo de recesión que todavía afecta las condiciones de vida en México. 

Aprender de la historia nos lleva a no cometer los mismos errores, por lo que el aniversario de la crisis es un buen momento para reflexionar sobre las causas y efectos de este evento mundial.

Los culpables de la crisis

El 15 de septiembre del 2008, cuando el banco de Lehman Brothers se declaró en bancarrota, es la fecha que se considerada como el inicio oficial de la crisis hipotecaria.

Sin embargo, sería incorrecto decir que la culpa de una de las peores crisis de la historia se debe a los malo manejos de un solo banco o a un simple efecto dominó.

Durante mucho tiempo antes y mediante diversas operaciones complejas, se llegó a crear la llamada burbuja inmobiliaria con una cartera de hipotecas de alto riesgo. 

En otras palabras, los bancos otorgaron préstamos inmobiliarios sin garantizar antes un nivel de solvencia mínimo.

Las deudas hipotecarias fueron utilizadas como un gran negocio para los intemediarios que, escondiendose detrás de operaciones turbias, consiguieron vender los instrumentos crediticios por todo el mundo en el mercado público.

Al momento de cobrar las hipotecas, muchas personas no tenían el dinero para pagar y los bancos comenzaron a perder grandes cantidades de dinero. 

De tal modo, los gobiernos tuvieron que entrar al rescate inyectando dinero a las grandes instituciones financieras que fueron las principales culpables del problema.

Efectos globales

A pesar de que la crisis se desarrolló principalmente en Estados Unidos, sus efectos llegaron a las diferentes economías de todo el mundo. 

Para marzo del 2009, Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, declaró que nos encontrabamos ante la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Ese mismo mes se registró una contracción del Producto Interno Bruto mundial del 2.16 por ciento, el peor resultado en toda la historia desde la medición de este indicador.

A pesar del panorama sombrío, no todos los países sufrieron las mismas consecuencias. El aumento de la deuda y el desemepleo en España ha llegado niveles nunca antes visto e impulsado movimientos de protesta entre las clases media y baja. 

Al mismo tiempo, Grecia se ha visto obligada a pedir un préstamo a la Unión Europea en dos ocasiones, y países como Portugal e Irlanda han seguido sus pasos.

México en la crisis

La gran dependencia del país al comercio exterior de los Estados Unidos agravaron los efectos de la crisis del 2008. 

Los niveles de desempleo se eleveron del 3.96 por ciento en el 2008, a la tasa del 5 por ciento que reporta actualmente el INEGI.

Para intentar solucionar los problemas de falta  de recursos, el gobierno mexicano intentó aliviar los problemas de la crisis elevando el Impuesto al Valor Agregado al 16 por ciento, el Impuesto Sobre la Renta y otros impuestos en el área de telecomunicaciones. 

Estas medidas fueron criticadas por especialistas porque no incentivan el crecimiento y es un parche para un sistema fiscal deficiente que depende de la renta petrolera.

Asimismo, el peso mexicano sufrió una serie de depreciaciones frente al dólar, que en el 2009 se colocaba alrededor del 25 por ciento de su valor. Como consecuencia, se llevó a cabo una subasta de reserva de divisas internacionales.

Al día de hoy México no ha sido capaz de escapar de los efectos de la crisis del 2008. Los indicadores económicos no han podido regresar a sus niveles anteriores y los pronósticos de crecimiento siguen ubicándose por debajo de las expectativas.