Apenas 62 individuos son dueños de la misma cantidad de riqueza que la mitad de la población mundial más pobre, revela un nuevo estudio que destaca la creciente brecha entre los más acaudalados y lo más desfavorecidos.

A días de que la élite política y empresarial se reúna en el Foro Económico de Davos, en Suiza, un estudio de Oxfam muestra la cada vez mayor concentración de riqueza. Según la organización sin fines de lucro, el número de personas cuyo valor equivale a la mitad más pobre del mundo se ha reducido de 388 a 62 en solo cinco años.

Un modelo económico “roto”, apuntalado por la desregulación, privatización y la secrecía financiera ha visto la riqueza de los 62 más ricos del mundo incrementarse 44 por ciento en cinco años, es decir, 1.76 billones de dólares.

En el mismo periodo, la riqueza de los 3.6 mil millones más pobres se desplomó 41 por ciento. 

“Los grandes ganadores en nuestra economía global son aquellos que están arriba. Nuestro sistema económico está bastante sesgado a su favor. Lejos de gotear, el ingreso y la riqueza están en vez siendo succionados hacia arriba a una velocidad alarmante”, señala el reporte.

Oxfam reconoció que los esfuerzos para combatir la desigualdad habían propiciado que el número de personas viviendo en pobreza extrema decreciera un 50 por ciento entre 1990 y 2010.

“Sin embargo, si la desigualdad dentro de los países no hubiera incrementado durante ese periodo, un extra de 200 millones de personas podrían haber escapado de la pobreza. Eso podría haber significado 700 millones si los pobres se hubieran beneficiado del crecimiento económico más que los ricos”, indicó.

Plantea soluciones

Oxfam dijo que el creciente problema de evasión de impuestos y el uso de paraísos fiscales eran un claro ejemplo de cómo el sistema económico está “amañado” a favor de los ricos.

Por esa razón, la organización llamó a combatir dichas prácticas.

Asimismo, hizo un llamado a que los trabajadores reciban una remuneración con la que se pueda vivir y no el mínimo, a la terminación de la brecha de salarios por género, por más transparencia y vigilancia hacia aquellos en posiciones de poder que tienen intereses ocultos y a la transición de la carga fiscal del trabajo y el consumo hacia la riqueza y el capital.