Trotamundos pobre
● Al igual que otros empresarios destacados, Laliberté comenzó con poco dinero bajo su manga.

Fue un aficionado de las obras callejeras, aprendió a escupir fuego, tocar el acordeón y caminar sobre zancos, lo que lo llevaría a dejar la universidad y viajar a Europa, en donde hacía presentaciones por pagos muy modestos.

Cirquero incomprendido
● Su primer, y único trabajo “estable”, en una planta hidroeléctrica le duró apenas tres días.

Tras ello se unió a un grupo de zanco-caminantes, quienes poco después lograron organizar una feria en Quebec, su ciudad natal. Resulta irónico, pero la obra dirigida por Guy fue cancelada debido a quejas de los ciudadanos. Actualmente, el circo emplea a más de 5 mil personas de 50 países.

Todo o nada
● La apuesta más arriesgada de su carrera fue cuando en 1987 decidió llevar su espectáculo de su lugar nativo a Los Ángeles.

El empresario relata que no tenía ni un solo dólar para traer de vuelta a todos, por lo que no había opción más que triunfar en California.

Su apuesta funcionó: Cirque du Soleil fue un espectáculo diferente y muy exitoso.

Malabares de poker
● Laliberté no solo es aficionado del arte escénico, sino de las apuestas. Guy actualmente tiene un récord entre las casas de apuestas en línea, pues se rumora que ha perdido hasta 24 millones de dólares.

También fue cuarto lugar en un torneo de poker televisado y creador de un torneo de beneficencia, donde el mínimo para entrar era un millón de dólares.

Poeta espacial
● El joven cirquero también fue el primer turista espacial canadiense y payaso en ir a la estación espacial internacional, al pagar por abordar la nave Soyuz-TMA 16.

Su vuelo lo dedicó a concientizar a la humanidad sobre los usos del agua, por lo que lo llamó una “misión espacial poética”.