La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha sido un imperativo político para el presidente Donald Trump desde el primer día de su administración.

En un contexto en el que la oposición y el mismo Partido Republicano han obstaculizado la ambiciosa agenda que planteó Trump durante su campaña, el proceso de negociación del TLCAN se ha vuelto una prioridad de primer nivel para el gobierno estadounidense. El éxito de la renegociación, una de las pocas victorias que pudiera presumir esta administración, no depende del Congreso, sino de la presión que se ejerza hacia México y Canadá.

En medio de la división al interior de la Casa Blanca entre los partidarios del nacionalismo económico y los partidarios del status quo, Roger Stone, exasesor de campaña de Trump, dijo al portal Político, que la renegociación del TLCAN era vista por la mayoría de los funcionarios de la administración como un proceso de trámite que buscaba satisfacer una promesa de campaña. Stone refirió que el presidente Trump y el director del Consejo Nacional de Comercio, Peter Navarro, eran las únicas dos figuras realmente convencidas de que se tiene que renovar radicalmente el pacto comercial norteamericano

Sin embargo, la administración de Trump ha adquirido un marcado sesgo antiTLCAN. La semana pasada, el Departamento de Comercio de Estados Unidos dio a conocer un estudio interno en el que se estima que el contenido estadounidense en las importaciones manufactureras producidas en México y Canadá ha caído de manera consistente.


Ross explica que es imperante elevar las reglas de contenido de origen para modificar la tendencia del déficit comercial que mantiene Estados Unidos con México (64 mil millones de dólares en 2016)

Contenido estadounidense a la baja

Con base en los datos de valor agregado de las exportaciones que provee la OCDE, el Departamento de Comercio estima que el contenido estadounidense en las importaciones manufactureras mexicanas pasó de 21 por ciento en 1995 a 16 por ciento en el 2011. Particularmente, en las importaciones automotrices, que conforman más del 100 por ciento del déficit de Estados Unidos con México, el contenido nacional estadounidense se redujo de 26.5 por ciento a 18.1 por ciento en este periodo.

Wilbur Ross, secretario de Comercio, afirmó en un editorial para The Washington Post que esta investigación desmiente el argumento central de las autoridades mexicanas de que el contenido promedio estadounidense en los productos de exportación mexicanos es de 40 por ciento.

La Secretaría de Economía de México ha utilizado esta afirmación como la justificación principal del argumento que defiende la integración de la economía mexicana con la economía estadounidense. El adagio de que terminar el TLCAN representaría “un disparo en el pie” para la industria manufacturera estadounidense se sustenta en gran medida en esta noción.

Ross explica que es imperante elevar las reglas de contenido de origen para modificar la tendencia del déficit comercial que mantiene Estados Unidos con México (64 mil millones de dólares en 2016). La agencia Reuters reporta que algunos cabilderos de la industria manufacturera estadounidense están empujando por elevar el contenido regional (zona TLCAN) mínimo del sector automotriz de 65 por ciento a 70 por ciento. Esta regla implica que si un producto de exportación mexicano no cumple con el contenido regional establecido, no será sujeto a una tasa arancelaria de cero por ciento.

Además, Estados Unidos ha declarado su intención de incluir especificaciones de contenido nacional de al menos 35 por ciento, algo que ha sido rechazado tajantemente por México y Canadá. Ildefonso Guajardo, secretario de Economía de México, ha referido en más de una ocasión que esta salvaguarda es inédita, que no ha sido incluido en tratado comercial alguno en el mundo.

Las reglas de contenido de origen representan una de las fibras más sensibles de la renegociación del TLCAN porque hacen eco de una de las mayores discrepancias fundamentales entre la visión comercial de Estados Unidos y la de sus socios comerciales regionales: una fijación por el déficit.

En ese respecto, el secretario Ildefonso Guajardo ha sido claro: “No iré a Washington a dar clases de economía”, dijo en una de sus intervenciones públicas del mes pasado. La teoría económica ortodoxa sostiene que el déficit comercial total de un país está determinado en función de sus políticas fiscales y monetarias, que inciden en el ahorro nacional. Es decir, el balance comercial nacional no depende en última instancia de las condiciones específicas que se negocian en los tratados comerciales.

‘Guerra económica’ con China

Elevar las reglas de contenido de origen de la región TLCAN tiene una implicación mucho más profunda que trasciende las vicisitudes de la renegociación del acuerdo norteamericano. Ross insiste en que el status quo de estas reglas representa una puerta trasera para la entrada de bienes chinos al mercado estadounidense.

No sólo se trata del efecto que esto tiene en el déficit comercial de Estados Unidos con China, que en 2016 fue de 347 mil millones de dólares. La semana pasada, Robert Lighthizer, el representante comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) dijo que el modelo económico de China representa la mayor amenaza para el sistema comercial global. Sostiene que el peligro es de tal grado que considera que la Organización Mundial del Comercio no tiene  las facultades suficientes para contener las prácticas desleales del comercio chino.

Estas declaraciones y actitudes de la administración de Trump respaldan la declaración de Steve Bannon, el exestratega en jefe de la Casa Blanca,  máximo exponente del nacionalismo económico americano, de que “Estados Unidos se encuentra en una guerra económica con China”. Se trata de un conflicto entre las dos mayores economías del mundo y México está en medio.

40%

Es el contenido mínimo regional con el que debe contar un producto de exportación manufacturero de la zona TLCAN, para estar sujeto a una tasa arancelaria de cero por ciento

65%

Es el contenido mínimo regional con el que debe contar un producto de exportación automotriz de la zona TLCAN, para estar sujeto a una tasa arancelaria de cero por ciento