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NEGOCIOS

Emprender en la adversidad

Viviana Bran

De cara a los problemas económicos por los que atraviesa el país y la complicada situación laboral, algunos jóvenes se están anticipando a los problemas del futuro y en el emprendimiento han encontrado un camino para alcanzar el éxito


Jun 5, 2019
Lectura 6 min
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“Los casos de éxito sí existen y por eso no bajamos la guardia”

- Ricardo Muttio

Cofundador de PAPEL

Miles de jóvenes mexicanos se enfrentan cada día a múltiples obstáculos para alcanzar sus sueños. La falta de oportunidades laborales y la precariedad salarial los ha orillado a buscar alternativas que les permitan sobrevivir. En este juego por un futuro mejor, algunos de ellos optan por emprender a pesar de que el camino sea siempre luchar contra la corriente.

El reto no es fácil, ya que los jóvenes que optan por seguir esta dirección se enfrentan, en un principio, a que de manera constante les digan que no. Por tal motivo, muchos de ellos desisten y dejan de intentarlo ante la falta de apoyo económico o moral por parte de sus familiares, amigos e incluso de las instituciones a las que recurren.

Las cifras no mienten. Solo tres de cada 10 jóvenes en México toman la decisión de iniciar un negocio, mientras que el resto opta por buscar un trabajo o se dedican a alguna actividad dentro de la informalidad, de acuerdo con un estudio realizado por la Comisión de Jóvenes Empresarios de Canacintra.

Para algunos, la idea de perseguir un objetivo con paciencia y disciplina son las herramientas clave, porque, aún cuando haya miles de puertas que no se abrirán, ellos no dejan de insistir.

La perseverancia no solo tiene el significado de supervivencia, un buen salario, o una mejor calidad de vida, sino que la idea de concretar un negocio propio les permite a los jóvenes cultivar su individualidad y expandir sus horizontes.

Entre los motivos que influyen en esta decisión están que un 36 por ciento desean aumentar sus ingresos; un 23 por ciento tienen la oportunidad de hacerlo; mientras que 21 por ciento quiere lograr una mayor dependencia, y 20 por ciento desean mejorar sus condiciones de vida.

Prueba de confianza

Diego León y Jorge Díaz escogieron el nombre de Piedra, Papel o Tijeras para darle vida a su marca de juguetes. La idea de crear un negocio propio comenzó a tomar forma mientras cursaban la carrera de diseño industrial en la universidad.

Sin importar lo que pudiera suceder en el futuro, juntos decidieron trabajar con las herramientas que tenían a la mano y buscar por todos los medios, apoyos que les permitieran hacer realidad la inspiración que les llegó de la infancia.

Al principio nos enfrentamos a muchos miedos, pero una vez que das el paso todo se vuelve más sencillo, cuando te esmeras y te apasionas por tu proyecto, las puertas se te van abriendo

- Diego León

Director de Piedra, Papel o Tijeras

El concepto del negocio consiste en que a través de los cuentos de aventuras y armado de modelos, los niños aprendan valores esenciales, generen conciencia sobre como cuidar el medio ambiente, y al mismo tiempo dejen las tabletas y los celulares para que vuelvan a jugar como antes.

“Esmerarnos en este proyecto nos ha permitido ver más allá y ponernos nuevas metas, porque el propósito ya no es solo personal. Con estos juguetes queremos fomentar la lectura, la unión y el fortalecimiento de los vínculos familiares, la creatividad y la sustentabilidad”, explica Jorge Díaz.

Superar el miedo

Al momento de emprender existen diversos obstáculos, sin embargo, las ganas de sobresalir y generar independencia financiera han sido el impulso para que esa parte de la población, de entre 18 y 29 años, vayan tras la búsqueda de una oportunidad que les permita crecer en una sociedad económicamente complicada.

Es un hecho que la falta de recursos, un empleo formal, o de un salario bien remunerado, muchas veces se convierten en factores que obstaculizan este deseo, pero cada vez son más las instituciones tanto públicas como privadas que a través de concursos apoyan los proyectos de aquellos jóvenes que con sus ideas innovadoras se arriesgan a dar ese salto.

En la actualidad, emprender es una tarea de valientes, y se trata de una lucha ardua, porque para empezar se requiere de financiamiento y una estrategia que se expanda, además de que pueda satisfacer alguna necesidad.

En México, 53.6 por ciento de la población entre 18 y 64 años percibe buenas oportunidades para iniciar un negocio; 58.5 por ciento considera que tiene las habilidades para llevarlas a cabo, aunque un 31.6 por ciento asegura que el miedo al fracaso le impide realizarlo, revela un informe del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem).

Aunque el panorama económico es más desafiante, también existen más oportunidades para comenzar un proyecto, pues los jóvenes ya no se tienen que esperar a que sus familiares les ayuden, ahora pueden recurrir a las instituciones públicas, exponer su proyectos en empresas de capital privado, e incluso entrar a concursos que les permitan recaudar más fondos.

Algunos de los retos a los que se enfrentan aquellos que deseen iniciar en este viaje es que deben de ser resilientes, debido a que el mercado y el estilo de vida de las personas están en constante cambio.

Emprender es sinónimo de independencia porque quienes se aventuran deben de aprender a reconocer y a buscar las oportunidades, así como a reinventarse de forma permanente, ya que la innovación y la creatividad son dos habilidades que todo emprendedor debe desarrollar para tener éxito.

Daniel Díaz, Amador Duarte y Ricardo Muttio son tres jóvenes emprendedores preocupados por el medio ambiente. Este sentimiento los motivó a expandir su empresa de unicel biodegradable hecho de hongos más allá del territorio de Zapopan, Jalisco.

Con PAPEL, laboratorio de ideas que nació como producto de la tierra hace dos años, los jóvenes empresarios a través de los huertos urbanos lograron desarrollar un biomaterial compuesto de residuos vegetales y hongos que funcionan como una alternativa al unicel.

Ricardo Muttio, cofundador de PAPEL, explica que el producto es un embalaje biodegradable que el usuario pude romper y tirar al jardín para que se convierta en composta. Esto quiere decir que es un material 100 por ciento degradable y en promedio tarda entre 25 y 30 días en descomponerse.

“Los casos de éxito sí existen y gracias a eso nos motivamos para no bajar la guardia”.


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