Ya no se trata únicamente de dinero. Los empleados de hoy y las generaciones que están por integrarse al mercado laboral quieren pertenecer a una empresa que les otorgue condiciones laborales dignas, flexibilidad de horarios e incluso trabajar por una causa que atienda problemas medioambientales.

La rigidez o desinterés por parte de los centros laborales está derivando en tendencias conocidas como las “renuncias silenciosas” en el que los trabajadores inconformes con las condiciones laborales se limitan a trabajar a su capacidad mínima, es decir, no invertir más tiempo ni hacer un mayor esfuerzo para realizar actividades que no son valoradas por la empresa.

Estas actitudes generalmente son provocadas por el estrés y la ansiedad que genera el trabajo, actitud que termina impactando hasta en un cuatro por ciento al Producto Interno Bruto (PIB) global cada año.

De hecho, priorizar su bienestar mental y vida personal es una de las razones por las que podría “renunciar de manera silenciosa” hasta el 34 por ciento de los empleados mexicanos, de acuerdo con la encuesta semanal “Termómetro Laboral” del portal de la bolsa de trabajo OCCMundial.

La segunda razón por la que no van a dar su máximo es por tener sueldos bajos en el caso de 29 por ciento de los trabajadores, seguido de aquellos que no están de acuerdo con el liderazgo de sus superiores y por eso aplicarían el “quiet quitting” en 26 por ciento de los casos y 11 por ciento señaló a la falta de reconocimiento como su principal motivo.

Pese a esta actitud que advierte la inconformidad de los trabajadores y genera impactos en la productividad, las empresas, al menos las mexicanas, parecen no estar listas para responder a las expectativas y demandas del capital humano. Por ejemplo, el 85 por ciento  de los espacios laborales del país carecen de las condiciones adecuadas para que sus colaboradores tengan un balance entre vida personal y trabajo, señala la encuesta “Workforce Hopes and Fears 2022”, elaborada por PwC.

La “gran renuncia” de los empleados

Un ejemplo de la relevancia que ha adquirido el ambiente laboral y otros elementos del desempeño de los trabajadores, además del sueldo, es el fenómeno conocido como “La Gran Renuncia” que ocurrió en Estados Unidos durante el primer semestre del año.

Durante este periodo se registraron renuncias masivas, en gran medida por parte de jóvenes trabajadores, y puestos vacantes durante largos periodos de tiempo. Este fenómeno fue impulsado por los apoyos económicos proporcionados por Estados Unidos para evitar un colapso de la economía ante la pandemia, que alcanzaban transferencias de hasta mil 400 dólares mensuales por persona, que se sumaron a los seguros de desempleo, apunta el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

“Tomó una pandemia para que los trabajadores -jóvenes, en su mayoría- expresaran de forma contundente las necesidades de un buen ambiente de trabajo… Hoy, ya no basta con un buen paquete de compensación: las empresas deben ir más allá”, apunta Ana Gutierrez, coordinadora de Comercio Exterior y Mercado Laboral del IMCO en el artículo ¿Y la Gran Renuncia Mexicana?

La especialista advierte que a diferencia de Estados Unidos y algunos países de Europa, en México no ocurrió este fenómeno, no por falta de ganas de tener mejores condiciones laborales sino por la nula red de seguridad social laboral que hay en el país.

“Cuando más de la mitad de los trabajadores tiene un empleo informal, sin acceso a derechos plenos y con poco poder de negociación, elementos como un líder solidario, cargas sostenibles, o flexibilidad laboral se relegan en la lista de exigencias”, señala Gutiérrez.

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