El viraje político hacia el proteccionismo ocurre en un momento en el que el comercio global se ha desacelerado significativamente debido a la fragilidad de la economía mundial


Estados Unidos se encuentra en la cúspide de un punto de inflexión potencial; la siguiente administración podría revertir el curso de un movimiento que se ha dirigido hacia un comercio más libre y hacia la cooperación multilateral”Instituto Peterson de Economía Internacional 

Instituto Peterson de Economía Internacional

Hillary Clinton, la candidata del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos, representa una opción más amigable para el futuro económico de México que Donald Trump, el candidato del Partido Republicano. Sin embargo, esta afirmación podría ser tomada como un eufemismo. 

 

El Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), un centro de investigación a favor de libre comercio, argumenta que tanto la plataforma económica de Trump como la plataforma económica de Clinton suponen un riesgo para la economía internacional y para el proyecto de liberalización y apertura que ha privilegiado el gobierno estadounidense en las últimas décadas. 

 

Al igual que Trump, Clinton ha hecho del proteccionismo un punto central en sus posicionamiento públicos de política económica. La oposición al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), el llamado a revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), así como la urgencia de evitar que empleos estadounidenses sean trasladados al exterior son parte fundamental del discurso de los dos candidatos punteros de la elección presidencial.

 

Estos tres puntos se encuentran al centro del modelo económico de México. En las últimas dos décadas, el país ha privilegiado un proyecto de crecimiento basado en las exportaciones, el cual está sustentado en el TLCAN. Desde que entró en vigor este acuerdo en 1994, el volumen bidireccional del comercio entre México y Estados Unidos se ha multiplicado por cinco. 

 

Considerando que México destina el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos y que, éstas, a su vez, significan un tercio del producto interno bruto, los cuestionamientos respecto a la apertura comercial de Estados Unidos emergen como un aspecto vital para el futuro de la economía mexicana. 

 

En ese sentido, el TPP, que ha sido firmado por los secretarios de Economía (Comercio) de México, Estados Unidos y otros 10 países de la Cuenca del Pacífico, es referido como una actualización natural del TLCAN. 

 

No obstante, pese a que el TPP es el proyecto emblema de la administración del presidente Barack Obama en materia de comercio internacional, la negativa de Trump y Clinton hacia este acuerdo significa uno de los pocos puntos de encuentro entre la plataforma del candidato republicano y la candidata demócrata. 

 

Otro punto de encuentro yace en la crítica que han hecho ambos candidatos a las empresas que trasladan su producción a países emergentes con bajos costos manufactureros como México. Clinton ha propuesto modificar el código de impuestos con la finalidad de desincentivar la pérdida de 

empleos domésticos. 

 

El año pasado, Estados Unidos invirtió 16.5 mil millones de dólares en México, más de la mitad de la inversión extranjera directa que recibió el país. 

 

Bandera proteccionista

 

Una investigación del PIIE que analiza la plataforma económica del candidato republicano y la plataforma económica de la candidata demócrata establece: “Mientras que la política comercial que ha declarado Clinton puede ser dañina, la política comercial declarada por Trump puede ser terriblemente destructiva”. 

 

Esta aseveración hace referencia a los efectos que tendrían estas políticas para la economía de Estados Unidos. Pero el argumento es completamente aplicable a las consecuencias que tendrían estos posicionamientos sobre la economía mexicana. 

 

Una de las pocas propuestas concretas de Trump es la cancelación del TLCAN y la imposición unilateral de un arancel ad valorem de 35 por ciento a las importaciones provenientes de México. 

 

En cambio, la baraja de política comercial de Clinton es más amplia. También, resulta más factible. 

 

La candidata demócrata propone la creación de un Fiscal Comercial que evalúe si los tratados comerciales existentes “están en el mejor interés de Estados Unidos”. El funcionario le reportaría directamente al presidente. 

 

Asimismo, Clinton prometió triplicar el número de agentes comerciales que se dedican a hacer 

cumplir la letra de los tratados comerciales a cabalidad. Analistas argumentan que esto puede ser el punto de partida para una política comercial proclive a imponer barreras no arancelarias a las importaciones. 

 

Libre comercio en retroceso

 

El viraje político hacia el proteccionismo ocurre en un momento en el que, según el último informe de Perspectivas Económicas del Fondo Monetario Internacional, el comercio global se ha desacelerado significativamente debido a la fragilidad de la economía mundial. 

 

Además, esta tendencia se presenta en medio de un creciente sentimiento de insatisfacción de parte de los perdedores de la globalización, particularmente en la clase trabajadora de países avanzados. 

 

El PIIE sostiene que es evidente que Donald Trump y Hillary Clinton han explotado este fenómeno político: “Estados Unidos se encuentra en la cúspide de un punto de inflexión potencial; la siguiente administración podría revertir el curso de un movimiento que se ha dirigido hacia un comercio más libre y hacia la cooperación multilateral”.