Ahora, todo parece que eso se va resolver (la situación de Trump), y y yo espero que podríamos tener una volatilidad mucho menor en nuestros mercados como ya se ha empezado a ver en las últimas semanas” 

La economía mexicana encuentra en Estados Unidos a su principal aliado y a su peor enemigo. Este año, el proceso electoral estadounidense ha confirmado que la dependencia económica de México respecto a su principal socio comercial es un arma de doble filo. 

 

El país destina el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos. Para una economía en la que la venta de bienes y servicios en el exterior representa más del 35 por ciento de su producto interno bruto (PIB), esta relación comercial, cimentada en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se vuelve fundamental. 

 

En ese sentido, es entendible el pesimismo que prevalece respecto al futuro económico de México, patente en la depreciación del peso frente al dólar, que alcanza el 9.58 por ciento en lo que va del año. 

 

La campaña del candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, representa la mayor amenaza para el TLCAN desde que el acuerdo entró en vigor en 1994. 

 

El déficit comercial de 60.6 mil millones de dólares que tiene Estados Unidos con México se ha convertido en la única prueba suficiente para la plataforma económica de Trump de que el TLCAN es “el peor acuerdo firmado en la historia”. 

 

En consecuencia, el candidato republicano ha propuesto la imposición unilateral de un arancel de 35 por ciento a las importaciones provenientes de México. Existe un consenso generalizado de que esta medida sería desastrosa para un país que, pese a tener acceso preferencial al mayor mercado del mundo, ha crecido a una tasa anual promedio de apenas 2.3 por ciento en los últimos treinta años.

 

La política económica mexicana ha construido un proyecto basado en la integración, la estabilidad macroeconómica y la competitividad regional que sería desmantelado de golpe si el TLCAN llega a ser cancelado. Las alternativas potenciales frente a este escenario son descritas como opciones limitadas.

 

El tono de Banxico

 

La fragilidad de la economía mexicana respecto a la posibilidad de que Trump llegue a la presidencia no se ha vuelto patente de manera exclusiva en los mercados financieros. Banco de México y las empresas mexicanas consideran que el proceso electoral de Estados Unidos representa el principal riesgo de corto plazo para el futuro económico de México. 

 

En sus últimas intervenciones públicas, Agustín Carstens, gobernador de Banco de México, ha llegado al extremo de declarar que una presidencia de Trump golpearía al país como un huracán. 

 

Para un funcionario en el que la cautela de sus declaraciones es característica, los comentarios reafirmaron la magnitud del riesgo que representa el futuro político de Estados Unidos. 

 

Las minutas de la última reunión de política monetaria del banco central señalan explícitamente que las elecciones estadounidenses representan el principal factor de depreciación del peso frente al dólar, así como el principal componente del balance de riesgos.

 

Esta semana, Carstens bajó el tono de alarmismo de sus declaraciones anteriores. 

 

“Ahora, todo parece que eso se va resolver (la situación de Trump), y esperemos que así sea, y a partir de entonces yo espero que podríamos tener una volatilidad mucho menor en nuestros mercados como ya se ha empezado a ver en las últimas semanas”, aseguró en una entrevista de radio. 

 

El cambio de tono coincide con un deterioro de las preferencias electorales de Trump en las encuestas. A finales de septiembre, el modelo de predicción electoral del sitio Five Thirty Eight otorgaba una probabilidad de 45 por ciento a que el candidato republicano ganara las elecciones del 6 de noviembre. Actualmente, se estima que esa probabilidad es menor a 13 por ciento.

 

No se confían

 

Sin embargo, en México aún persiste un sentimiento de nerviosismo, particularmente entre las empresas que cuentan con planes de expansión en el país. Desde julio, al menos cinco compañías que enviaron prospectos de colocación a la Bolsa Mexicana de Valores señalaron al proceso electoral estadounidense como un riesgo significativo para sus operaciones. 

 

Por ley, las empresas mexicanas que desean emitir bonos o acciones están obligadas a presentar una perspectiva del balance de riesgos a los inversionistas. Las compañías que hicieron referencia a la incertidumbre generada por las elecciones en Estados Unidos son: IEnova, subsidiaria mexicana de Sempra Energy; Grupo Cementos de Chihuahua; RLH Properties, operadores de los hoteles Four Seasons; Becle, una minorista de vinos y licores; así como El Puerto de Liverpool. 

 

El mes pasado, José Cuervo decidió posponer una oferta pública inicial en el mercado de valores, valuada hasta en mil millones de dólares. La firma argumentó que esperaría hasta después del 6 de noviembre, fecha de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, para determinar si las condiciones del mercado serán adecuadas para salir a bolsa. 

 

“Cada que planeas una operación, pasas tiempo pensando en qué podría salir mal, en dónde podrían estar los riesgos”, dijo al portal Bloomberg Jorge Juantorena, socio en Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, una firma legal que ofrece asesoría a empresas mexicanas con planes de colocación. 

“Siempre era un país emergente afectando a otro, es raro pensar que ahora algo que pasa en un país desarrollado sea lo que pueda afectar al país emergente”, añadió.