A pesar de su enorme influencia indirecta sobre los precios de los commodities, China no es quien marca los precios de referencia de estos productos


“Muchas personas no cuidan su dinero hasta que éste casi ha llegado a su fin, y otros hacen lo mismo con su tiempo”

Johann Wolfgang von Goethe

Escritor alemán del siglo XVIII


“Enfrentamos una oportunidad única en la vida para convertirnos en un centro global de precios para los commodities (...) Nuestra ventaja es nuestro volumen de operación y crecimiento económico” 

Fang Xinghai

Vicepresidente de la CSRC

Su peso como la segunda mayor economía del mundo le da un rol especial a China en los mercados de materias primas (commodities, en inglés), pero al gigante asiático esto no le basta. Su gobierno ya indicó que quiere convertir los mercados financieros de su país en puntos de referencia globales para los precios de los commodities a nivel global.

China es el principal productor y consumidor de productos como el carbón, cemento, acero, arroz y trigo, entre otros. Esto quiere decir que el desempeño económico del país ejerce una influencia significativa, tanto por el lado de la oferta como el de la demanda, sobre los precios de estos productos.

Un ejemplo de esto puede verse en los precios del acero. La enorme producción siderúrgica de China, combinada con la desaceleración de la industria de la construcción en ese país, han llevado a una sobreoferta global que ha borrado más de dos tercios del valor de este metal en los últimos cuatro años.

Pero a pesar de su enorme influencia indirecta sobre los precios de los commodities, los productores y corredores de estos productos en China no son quienes marcan los precios de referencia de estos productos. Estos importantes referentes se fijan principalmente en Nueva York y en Londres.

Para las autoridades chinas, el desarrollo financiero de su país en los últimos años ofrece una oportunidad para obtener un peso aún mayor en el mercado global de commodities – un peso que refleje adecuadamente la magnitud de la producción y consumo del país.

“Enfrentamos una oportunidad extremadamente rara para convertirnos en un centro global de precios para los commodities”, dijo ayer Fang Xinghai, vicepresidente de la Comisión Reguladora de Valores de China (CSRC, por sus siglas en inglés), en el marco de la conferencia anual de la Bolsa de Futuros de Shanghái.

Ambición y apetito

“En el camino para lograr esta meta, nuestra ventaja es nuestro volumen comercial y crecimiento económico, pero nuestra legislación aún no es segura y carecemos de suficiente talento”, indicó Fang durante el evento.

Las limitaciones de los mercados financieros chinos son otro obstáculo. La mayor parte del comercio de commodities prohíbe la participación extranjera, y los inversionistas extranjeros además enfrentan restricciones cambiarias.

Sin embargo, Fang se comprometió a seguir impulsando reformas para liberalizar estos mercados, y reveló que las autoridades planean comenzar a experimentar con este proceso en los intercambios de ciertos productos.

“Planeamos usar los futuros de petróleo, hierro, y caucho como un punto de arranque en nuestros esfuerzos por abrir el mercado doméstico a más inversionistas extranjeros”, dijo el funcionario.

Pero aún si logra todo esto, China continuará enfrentando dura competencia por el control de los precios de referencia por parte de los centros financieros occidentales ya establecidos.
“(China) no debería subestimar la determinación de los actuales centros de precios para mantener su estatus”, advirtió Fang. 

Burbuja olvidada

A pesar de sus promesas, los planes de las autoridades chinas para los commodities se vieron manchados este año por el descontrol de una burbuja especulativa.

Los mercados de futuros de China registraron un incremento vertiginoso en los precios y volúmenes de los contratos de materias primas durante abril y marzo, despegándose claramente de los fundamentos económicos de estos productos.

La situación recordó lo ocurrido en las bolsas de valores chinas el año pasado, cuyos índices accionarios ascendieron velozmente para después colapsar durante el verano. El desorden en los mercados requirió pesadas intervenciones gubernamentales, y empeoró la opinión de los inversionistas extranjeros acerca del sistema financiero de China.

En respuesta a la burbuja en los commodities, la CSRC y las bolsas que supervisa apretaron sus reglas e incrementaron sus comisiones, desincentivando la especulación y desinflando la situación.

Pero aunque la intervención fue exitosa, el banco Morgan Stanley considera probable que no sea la última ocasión en que el desorden se vuelva presente en los mercados chinos: los especuladores tienen fácil y amplio acceso a financiamiento y sus alternativas de inversión no muestran un buen desempeño.