Una de las máximas de la competencia es que los precios de un producto o servicio como la gasolina tiende a disminuir cuando existen muchas empresas que participan en un mismo mercado, toda vez que éstas buscan atraer a un mayor número de consumidores con costos más bajos.

Esta era justamente una de las expectativas en torno a la apertura del mercado de las gasolinas que ocurrió en 2017 en México. Sin embargo, hoy en día lo que existe es un “mercado abierto controlado” en el que el costo de la gasolina en gran medida se define por el precio de referencia internacional del petróleo y los estímulos fiscales que aplica el gobierno federal.

Ayer, por ejemplo, el precio de la gasolina regular, la más vendida en México, alcanzó los 20.02 pesos, un costo que no se veía desde 2017, de acuerdo con cálculos de PetroIntelligence (PI), una agencia de inteligencia de mercado para el sector gasolinero y de transporte en México.


Es un mercado abierto controlado, en el cual por medio de los estímulos tratas de evitar que se incremente por arriba de la inflación (el precio de la gasolina) ante las variaciones que se tiene en el precio del barril internacional y segundo por los precios de referencia que se toman en cuenta

Ramses Pech

Analista y asesor de la industria energética

La “liberalización” de los precios de la gasolina en México ocurrió por etapas e inició en enero de 2017 producto de la reforma energética del país, en el que se determinaba que Pemex no sería el único jugador del mercado y entrarían varias marcas de combustible y gasolineras, además de que se eliminaría el precio único fijado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

A partir de entonces los precios finales de los combustibles reflejaron el precio internacional del petróleo, el costo de transporte y almacenamiento, el margen comercial de cada compañía, el costo de refinación, el Impuesto Especial de Productos y Servicios (IEPS) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), así como el tipo de cambio.

En paralelo a la aplicación del proceso de “liberalización” del precio de los combustibles, el gobierno de Enrique Peña Nieto determinó el aumento del costo de la gasolina Magna en un promedio de 14.2 por ciento, la gasolina Premium un 20.1 por ciento y el diésel 16.5 por ciento en enero de 2017, que generó diversas protestas sociales.

Cuatro años más tarde, en el mercado mexicano se cuentan 160 marcas de combustibles distintas a Pemex con cinco mil 33 gasolineras, en tanto que la empresa del Estado mexicano cuenta con siete mil 735 gasolineras de acuerdo con el informe “Fotografía del Sector Gasolinero en México” de febrero de 2021, elaborada por PI.

Contener la subida de la gasolina

El costo del barril de petróleo ha reportado sus niveles más altos desde el inicio de la pandemia en 2020, al ubicarse en 69 dólares para la mezcla Brent y el West Texas Intermediate que superó los 65 dólares, lo que impacta de forma directa el costo de la gasolina en México.

Para tratar de contener el incremento en los precios, la Secretaría de Hacienda aplica estímulos al IEPS que se pagan por cada litro de gasolina o diésel que consumen los mexicanos. Especialistas pronostican que en las próximas semanas aumentarán estos descuentos ante el aumento de los precios.

“Entre el 38 y 45 por ciento que paga usted de cada litro de combustible en las estaciones de servicio son impuestos, entonces los estímulos son los que controlan cuánto debe ser el precio real (…) El estímulo es bueno para el consumidor porque no pagas una mayor cantidad de impuestos, pero es mala para el mercado porque lo fuerzas a que tenga un precio objetivo estándar y que no fluctúe de forma real y hay ciertos costos donde alguien está perdiendo, que no son reconocidos en el precio unitario”, señala Pech.

Otro factor muy importante es la insuficiente infraestructura en el almacenamiento y transporte en el país.

“Si sube el costo del barril tiene que subir el costo directo del producto que está almacenado en estas terminales, porque ahí llega lo refinado y lo importado, entonces ¿quiénes son los que están ganando si sube el precio? Pues las terminales de almacenamiento y reparto porque ellos deciden cómo y a quién le venden (…) entonces las estaciones de servicio hoy en día, sus ganancias están siendo limitadas porque tienen poco margen de maniobra”.

Un análisis elaborado en julio de 2020, la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) advirtió la ausencia de una competencia intensa en el mercado mayorista, toda vez que Pemex seguía siendo el principal oferente al suministrar 87 por ciento de la gasolina que se consume en el país.

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