20

por ciento del PIB de Grecia se perdería en caso de que se diera una salida del país helénico del euro, de acuerdo a la calificadora Standard & Poor’s


El Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, compara la imposición de austeridad en Grecia a un médico medieval que continúa desangrando a su paciente con la esperanza de que se vaya a recuperar

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La crisis de deuda griega ha puesto de relieve uno de los temas que divide a los economistas a lo largo de todo el espectro ideológico: la austeridad.

El debate económico del momento está centrado en si la receta de recortes de gasto y aumento de impuestos sirve para sacar a una economía emproblemada hacia delante.

Por un lado están las voces que consideran que la austeridad es fundamental para procurar la estabilidad macroeconómica sobre la cual están cimentadas las bases del crecimiento.

Por otra parte, los críticos de la austeridad argumentan que la imposición de estas políticas tiene un efecto negativo duradero en la actividad económica, el empleo, la reducción de deuda y la recolección de impuestos. En palabras del ex ministro de finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, la austeridad es el único enemigo a vencer.

Tragedia anunciada

Grecia es el país más endeudado de Europa y se encuentra en plena recesión. De acuerdo a la calificadora Standard and Poor’s, la salida griega del euro implicaría una caída de la producción del 20 por ciento. Desde el 2009, la economía helénica se ha contraído 25 por ciento. El nivel de deuda pública alcanza el 177 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

¿Por qué Grecia no se ha podido recuperar como lo han hecho otros países de la periferia europea como Irlanda, España, Chipre y Portugal? Varoufakis responde que esto se debe a que Grecia fue sometida al doble de austeridad que a los otros países.

El ex ministro de finanzas sostiene que hay una relación inversamente proporcional entre el crecimiento nominal del PIB y la reestructuración estructural del déficit fiscal. Grecia pasó de tener un déficit fiscal del 10 por ciento en el 2010, año del primer paquete de rescate para el país helénico, a un balance fiscal en 2014. James Galbraith, profesor de política pública de la Universidad de Texas, resalta que Grecia es el país europeo que presentó el mayor ajuste del déficit después de la crisis financiera de 2008.

Los acreedores de Grecia buscan imponer un superávit fiscal primario del orden del 2 por ciento del PIB en 2016 y de 3 por ciento en 2017. Esto pretende lograrse a través de un aumento al impuesto al valor agregado, un recorte a los pagos de pensiones (representan 16 por ciento del PIB) y más consolidación fiscal.

Obstáculo al crecimiento

Los críticos de la austeridad dicen que estas medidas son un impedimento al crecimiento y que son la principal causa de la coyuntura griega actual.

Cuando se diseñó el primer paquete de rescate para Grecia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó que la economía decrecería 5 por ciento en 2010 y 2011, que se estabilizaría en 2012 y crecería en los años subsecuentes. De este modo, la deuda griega en relación al PIB iría disminuyendo gradualmente, estabilizándose en sólo tres años.

Sin embargo, los pronósticos no se cumplieron, la economía cayó en recesión y la deuda se agravó considerablemente. Las reformas del FMI para  promover el crecimiento de la economía griega se basaron en el libreto de la austeridad: recortes masivos al gasto público, reducción del salario mínimo y limitación del pago de pensiones. Para Galbraith, esto significó un harakiri económico.

Paul Krugman, premio Nobel de economía en 2008, comparó la imposición de austeridad a Grecia a un médico medieval que continúa desangrando a su paciente esperando a que se recupere.

En el 2010, apenas dos años después de que estallara la crisis financiera global, Grecia y Reino Unido tenían niveles similares de deuda pública relativos al PIB.  Se tomaron caminos diferentes de política económica.

Hoy, Grecia apenas sobrevive económicamente a las constantes recesiones, mientras que Reino Unido se recuperó y volvió a la senda de crecimiento. George Osborne, ministro de finanzas británico, declaró que la recuperación económica de su país es digna de aparecer en los libros de texto.

Grecia enfrentó su déficit fiscal de golpe, regresando inmediatamente a un superávit fiscal primario (excluyendo pagos de intereses). En cambio, Reino Unido redujo su déficit gradualmente y se apoyó en una política monetaria expansiva.

Esto resulta imposible para Grecia dado que no tiene control sobre su política monetaria debido a su adhesión al euro. El país helénico está sujeto a las políticas dictadas por el Banco Central Europeo, adecuadas para todo el continente.

Ahora, incluso el FMI concuerda con Grecia en la percepción de se necesita otorgar una quita de deuda para que el país se reincorpore a la senda del crecimiento y le sea posible pagar sus deudas, denominadas en euros.