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Economía fuera de ritmo

Rodrigo Carbajal

La trayectoria de la economía mexicana ha roto, nuevamente, con la proyección esperada a inicio de año. La reducción de expectativas, oficiales y del sector privado, se ha convertido en una costumbre desde el 2012, cuando el efecto de las políticas contracíclicas que hicieron frente a la Gran Recesión comenzaron a desvanecerse.

 


Ago 22, 2016
Lectura 7 min

14 puntos porcentuales se han incrementado los requerimientos financieros del sector público como proporción del PIB entre 2008 y 2016

La genialidad es la capacidad para ver diez cosas donde el hombre ordinario sólo ve una”

- Ezra Pound

Escritor estadounidense

La desaceleración de la actividad económica obedeció en gran medida a la caída de las actividades secundarias, particularmente en el sector minero 

La trayectoria de la economía mexicana ha roto, nuevamente, con la proyección esperada a inicio de año. La reducción de expectativas, oficiales y del sector privado, se ha convertido en una costumbre desde el 2012, cuando el efecto de las políticas contracíclicas que hicieron frente a la Gran Recesión comenzaron a desvanecerse.

 

 El INEGI reportó que, en el segundo trimestre del 2016, el producto interno bruto (PIB) de México se 

expandió 1.5 por ciento en términos anualizados, la tasa más baja desde que la economía estuvo al borde de la recesión técnica en el 2013.

 

Respecto al trimestre anterior, el PIB se contrajo 0.2 por ciento en términos anualizados.  Ésta es la primer contracción en los últimos tres años.

 

En consecuencia, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público recortó su expectativa de crecimiento económico para 2016 desde un rango de 2.2 por ciento a 3.2 por ciento a un intervalo de 2 por ciento a 2.6 por ciento.

 

La desaceleración de la actividad económica obedeció en gran medida a la caída de las actividades secundarias, particularmente en el sector minero. Este rubro presentó una baja de 4.3 por ciento en el segundo trimestre del año en relación al mismo periodo del año anterior.  De hecho, éste fue prácticamente el único componente del PIB que mostró una contracción.

 

No obstante, la pérdida de dinamismo del sector manufacturero también significó un lastre para la actividad económica. A inicios de este mes, en una conferencia para la Cámara de Comercio de 

Estados Unidos y México en Los Ángeles, el subgobernador del Banco de México, Manuel Sánchez, advirtió que las actividades secundarias han sido afectadas por dos factores: una caída en la extracción petrolera y la desaceleración de la producción industrial estadounidense.

 

De acuerdo a datos compilados por el Banco de México, la baja anualizada de 1.2 por ciento en la producción industrial de Estados Unidos en el segundo trimestre de este año coincidió con una contracción anualizada de 0.6 por ciento del sector manufacturero mexicano en el mismo periodo.

 

El efecto de la depreciación

 

A pesar de que el peso mexicano se ha depreciado casi 6 por ciento en lo que va del año, las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, las cuales representan el 80 por ciento de los productos que México vende en el exterior, se redujeron 2.3 por ciento en el segundo trimestre del año en relación al mismo periodo del 2015.

 

En ese sentido, Manuel Sánchez argumentó en su presentación que las exportaciones mexicanas que se destinan a Estados Unidos responden en mayor medida a la producción manufacturera estadounidense que al tipo de cambio real.

 

Sin embargo, la depreciación de la divisa mexicana sí ha tenido repercusiones internas relevantes. 

 

Aunque su efecto sobre la inflación aún es incierto, dado que ésta todavía se ubica debajo del objetivo de 3 por ciento del banco central, el tipo de cambio ya ha incidido sobre la inversión.

 

En el segundo trimestre del año, la importación de bienes de capital se redujo 7.3 por ciento en términos anualizados, lo que se reflejó en una baja de 1 por ciento en la inversión fija bruta del mismo periodo, según datos compilados por Banco de México.

 

Pese al deterioro económico que denota el último dato del PIB, la cifra más reciente del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE), publicada ayer por el INEGI, resulta contrastante.  En junio, el IGAE creció 0.56 por ciento de manera desestacionalizada frente al mes anterior, el segundo avance mensual consecutivo después de que en abril se presentó una caída de 1.1 por ciento.

 

La expansión bimestral del IGAE representa el mejor desempeño del indicador desde inicios del 2010. Jonathan Heath, un economista independiente, lo califica como “un buen efecto rebote.”

 

La opción de Videgaray

 

En una entrevista para la agencia Bloomberg, Luis Videgaray, el secretario de Hacienda y Crédito Público, hizo énfasis en el compromiso del gabinete económico con la estabilidad fiscal.

 

Privilegiar la estabilidad de los fundamentos macroeconómicos, que ha sido una prioridad constante para la política económica de los últimos 20 años, no parece representar algún dilema.

 

Sin embargo, en un momento en el que la economía se encuentra en desaceleración, las tasas de interés registran niveles mínimos históricos y los organismos multilaterales hacen un llamado a un mayor activismo fiscal para consolidar la recuperación; la decisión se dificulta.

 

Economistas como los Premio Nobel de Economía Paul Krugman y Joseph Stiglitz, así como el grupo del G-20 y el Fondo Monetario Internacional argumentan que la política monetaria ha alcanzado su límite y que los gobiernos deben aprovechar las bajas tasas de interés para pedir prestado, expandir el gasto público e incentivar un aumento en la demanda agregada.

 

Al ser cuestionado sobre esta recomendación de política económica, Videgaray refirió: 

“Absolutamente que no. No nos retrasaremos (en la reducción del déficit). Hay una gran diferencia en la política económica de países avanzados que tienen divisas de reserva que pueden financiar un déficit público o un déficit de cuenta corriente a países que no tienen esto y que necesitan ganarse la confianza (de los mercados) todos los días.”

 

En ese sentido, Videgaray expresó que la propuesta presupuestaria de Hacienda busca acabar con ocho años consecutivos de déficits fiscales para registrar un superávit que restaure “el balance fiscal” en el 2017.

 

La presión para la Secretaría de Hacienda no sólo proviene de los mercados, sino del mismo Banco de México, el cual ha señalado públicamente a la “debilitada posición fiscal” como un factor de vulnerabilidad para la economía mexicana.

 

El banco central cita la caída de los ingresos petroleros y el creciente nivel de deuda pública en relación al PIB como prueba de ello. Actualmente, apenas el 13 por ciento del presupuesto está financiado con ingresos petroleros, mientras que los requerimientos financieros del sector público pasaron de 33 por ciento del PIB en 2008 a 47 por ciento en el 2016.

 

La calificadora Moody’s ya cambió la perspectiva de la deuda mexicana desde estable a negativa. En este contexto, la opción de Videgaray parece ser sólo una.


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