En medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión, los bancos centrales de Estados Unidos y de la Unión Europea respondieron moviéndose en la misma dirección. 

Ambas instituciones recortaron sus tasas de interés de referencia a mínimos históricos y emprendieron medidas heterodoxas de estímulo mediante programas billonarios de compras de activos.

Pero hoy la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE) se preparan para separar sus caminos, con la Fed alistando un alza de tasas de interés y el BCE expandiendo su programa de estímulo y empujando su tasa de interés a territorio cada vez más negativo.

Indicadores económicos recientes pintan un panorama positivo para la Fed, incrementando las expectativas de un alza, la primera desde el 2006, que sería anunciada tras la reunión del 15 y 16 de diciembre de su comité de política monetaria.

El BCE, por otro lado, anunció la semana pasada que recortará su tasa de interés de referencia a -0.3 por ciento y que expandirá su programa de compra de activos, el cual inyecta 60 mil millones de euros mensualmente a la eurozona, hasta por lo menos marzo del 2017.

La reacción de los mercados de deuda y de divisas a comentarios realizados el jueves pasado por Mario Draghi, presidente del BCE, y por Janet Yellen, presidenta de la Fed, no se hizo esperar. El valor del mercado de bonos estadounidense cayó 162.5 mil millones de dólares durante la jornada, mientras que el declive en el de la eurozona fue de 107.5 mil millones de dólares.

Al mismo tiempo, la diferencia en las políticas previstas ha alimentado la apreciación del dólar, que se encuentra cerca de su punto más fuerte desde 2003, y el debilitamiento del euro, que se encuentra en línea para sufrir su mayor depreciación anual desde 1999.

Si los pronósticos de una mayor divergencia monetaria entre Estados Unidos y Europa se cumplen, los mercados de bonos y de divisas podrían sufrir jornadas volátiles en los próximos meses.

Lección de 1994

Reuters reporta que la última vez que una divergencia monetaria de este tipo se presentó entre Estados Unidos y Europa fue en febrero de 1994, cuando la Fed inició un ciclo de alzas y el Bundesbank de Alemania, la autoridad dominante de la política monetaria europea antes del BCE, estaba en medio de un ciclo de recortes.

La diferencia resultó en una depreciación del dólar y en una desaceleración económica para Estados Unidos, que enfrentó debilidad cambiaria en sus alzas de 1994, 1999, y 2004. A pesar de esto, el banco Bank of America-Merrill Lynch reporta que la operación más apoyada actualmente por el consenso en cualquier mercado financiero es la apuesta de que el dólar se apreciará.

“Es difícil y es peligroso dibujar paralelas (con 1994) porque los bancos centrales están en un mundo completamente diferente ahora”, dijo Kenneth Broux, director de investigación cambiaria y de tasas de interés en Société Générale, en entrevista con Reuters.

Por su parte, Mohamed A. El-Erian, consejero económico en jefe del grupo financiero Allianz, indica que “ciertamente deberíamos esperar lo mejor. Pero también deberíamos estar planeando para un alza sustancial en la incertidumbre financiera y económica”.

Catarro y pulmonía

La divergencia en la política monetaria a ambos lados del Atlántico responde a las diferencias en la salud de ambas economías, ya que la recuperación estadounidense aparenta más solidez que la europea.

Mientras que en Estados Unidos la tasa de desempleo, de 5 por ciento, se encuentra en el nivel que la Fed considera consistente con el pleno empleo, en la eurozona ésta rebasa el 10 por ciento.

La inflación tampoco ofrece consuelo para los europeos, pues la tasa general registrada en noviembre fue de 0.2 por ciento y la subyacente fue de 0.9 por ciento – ambas por debajo de lo esperado, en caída comparadas al mes anterior, y levantando amenazas de deflación.

Sin embargo, Estados Unidos tampoco está en una situación enteramente ideal, ya que su inflación se ha mantenido por debajo de las expectativas y objetivo oficial de la Fed. 

Miedos acerca de una caída en la inflación han levantado la sugerencia de que la Fed debería esperar hasta el 2016 para realizar su alza de tasas, aunque éstas han perdido fuerza en las últimas semanas.