El rayo de esperanza que ayer se generó con el inicio de la aplicación de la vacuna de COVID-19 podría alumbrar con más fuerza a las naciones desarrolladas y tener un menor alcance en los países pobres.

Ayer, el mundo observó con fascinación las imágenes de Margaret Keenan, la mujer inglesa de 90 años que recibió la primera dosis de vacuna contra el virus del SARS-CoV-2 fabricada por los laboratorios comerciales Pfizer y BioNTech, que no forma parte de la fase de pruebas, y en el marco del programa de vacunación de Reino Unido.

Sin embargo, diversos organismos internacionales han alertado respecto al riesgo de que los países más ricos del planeta estén acaparando las dosis para enfrentar el virus al hacer preordenes directas con los laboratorios comerciales más aventajados en el desarrollo de sus vacunas.

Esto pese a que existen mecanismos internacionales como COVAX que, bajo la coordinación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), integra una cartera de diferentes ensayos clínicos para generar la vacuna COVID-19 y con ello asegurar, por un precio justo, la entrega de estas dosis a los países miembros.

Las naciones que conforman la Unión Europea, que está llevando a cabo la compra de las vacunas en grupo; Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Japón ya tienen asegurada la compra de tres mil 798 millones de vacunas para aplicar entre su población, de acuerdo con estimaciones elaboradas por el Global Health Innovation Center.

En tanto que el mecanismo COVAX tiene un total de 700 millones de dosis.

Este organismo señala también que no habrá vacunas para cubrir a la población mundial hasta 2023 y 2024 y serán los países de bajos ingresos los que tengan que esperar más tiempo para inmunizar a parte de su población con este mecanismo.

“Estos acuerdos directos realizados por países de ingresos altos (y algunos de ingresos medios) dan como resultado una porción más pequeña del pastel para la asignación global equitativa. Este patrón provocará que la mayoría de las vacunas vayan a países de ingresos altos y que haya menos dosis disponibles para los países de ingresos bajos y medios y asociaciones centradas en la equidad como COVAX”, apunta el organismo en el Mapping COVID-19 Vaccine Pre-Purchases Across the Globe.

La vacuna no sólo se concibe como uno de los métodos más eficaces para controlar la crisis sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, que registra más de 68 millones de personas infectadas y ha cobrado la vida de un millón 553 mil 528 personas, sino que de su aplicación depende el crecimiento económico de las naciones.

Labor de farmacéuticas en la vacuna

El proceso de distribución de las vacunas efectivas contra el virus no es una responsabilidad exclusiva de las autoridades al frente de las naciones, las grandes farmacéuticas también tienen un rol clave, advierte OXFAM.

Si bien apunta que el trabajo de las grandes farmacéuticas salvará vidas, su tradicional modelo de negocios se ha beneficiado por años del financiamiento gubernamental a sus investigaciones y la canalización de sus millonarias ganancias a manos privadas, señala este organismo en su publicación People over profits: Make COVID-19 Medicines and Vaccines Free and Fair for All.


Este trabajo que salva vidas debe continuar, pero no podemos permitir que las grandes farmacéuticas exacerben aún más la crisis de desigualdad que el COVID-19 ha puesto al descubierto. Esta pandemia se alimenta de la desigualdad, matando a los pobres y los históricamente desfavorecidos a tasas más altas que los ricos y privilegiados

Oxfam

Las tres empresas que parecen estar más cerca de iniciar la distribución de sus vacunas son AstraZeneca, compañía británica que colabora con la Universidad de Oxford; Pfizer, líder estadounidense en la venta de medicamentos con una trayectoria de más de siglo y medio; y Moderna, que tiene menos de 10 años de operación y se enfoca en soluciones experimentales; en total estiman una capacidad de producción de cinco mil 300 millones de dosis para el 2021, que cubriría entre dos mil 600 y tres mil cien millones de personas.

Con el Centro Nacional ruso de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, la empresa Novavax, Johnson & Johnson, Sanofi, CureVAC y Sinovac, que trabajan en las otras seis vacunas con más avance en sus pruebas, se podrían completar siete mil 400 millones de dosis, de acuerdo con cálculos de Airfinity, empresa de análisis de mercado de ciencias en Londres.

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