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Mil vuelos cancelados por 
el huracán “Sandy”

Además de los cientos de miles de habitantes de Nueva York y estados vecinos que han sido evacuados, algunos participantes de mercado ven con ojos de temor a las consecuencias económicas que podría dejar el impacto del huracán “Sandy” en la Costa Este de Estados Unidos.

En principio, la estimación de los daños directos causados por el huracán son difíciles de calcular, dada la complejidad de su formación y la época inusual en la que 
se creó.

Se prevé que el impacto económico será mayor por los costos de las aseguradoras y la pérdida de productividad al tener a la población inactiva.

Las primeras estimaciones asumen que el valor de la destrucción de propiedad física, sumada a la pérdida de dos días de actividad comercial de un 25 por ciento de la población estadounidense, se encuentra entre 35 y 45 mil millones de dólares.

Otras fuentes indican que el costo podría llegar a 10 mil millones de dólares al día, y su costo total dependerá en qué tan rápido se debilite el huracán.

En comparación, el huracán Irene del 2011 costó entre 15 y 20 mil millones de dólares, y se le considera potencialmente inferior a “Sandy”.

Desde el 2011, el costo de todos los huracanes ha rondado entre 9 y 30 mil millones de dólares; excluyendo al huracán “Katrina” que se estimó en 100 mil millones de dólares.

Las primeras estimaciones consideraban que los mercados no se verían fuertemente afectados porque la mayoría de las transacciones se hace de manera electrónica, pero ayer se tomó la decisión de suspender toda actividad, incluso la electrónica.

La industria aérea ya ha visto uno de sus mercados más grandes llegar a una virtual parálisis.

Se reportaron cerca de 8 mil vuelos cancelados entre ayer y hoy.

Los casinos en Atlantic City, New Jersey, fueron cerrados, así como servicio de trenes y todo el sistema de transporte masivo de varias localidades.

Por su parte, el piso de intercambio físico en la bolsa de Nueva York canceló toda actividad, cerró ayer y se mantendrá cerrado hoy. Esta es la primera vez que se cierra el piso por contingencias climáticas desde hace casi 30 años.

Ante ello, la multinacional Pfizer, y las empresas de energía y luz, Entergy Corporation y NRG Energy, anunciaron que pospondrán la publicación de sus resultados trimestrales para después de la tormenta.

Asimismo, el Wall Street Journal reportó que Google canceló un evento donde presentarían un teléfono nuevo.

El gobierno estará también virtualmente inaccesible.

Las oficinas en Washington de la gran mayoría de las agencias federales e internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, no abrieron sus puertas ayer y lo harán hasta nuevo aviso.

Citibank anunció que no cobrará a clientes por usar cajeros automáticos de otros bancos en Nueva York, ante el cierre de cientos de sucursales en peligro de inundación.

Beneficiados 
por la tormenta

El fenómeno meteorológico puede provocar fuertes repercusiones económicas, en una economía de alto desempleo y una industria de construcción sin alcanzar aún su potencial de producción.

Pero a la vez, el negocio de recuperación y reconstrucción después de un fenómeno natural puede ser redituable.

En una estimación inicial de la CNBC, el beneficio económico y su efecto multiplicador podría valer entre 27 y 36 mil millones de dólares para la economía estadounidense en los siguientes dos años.

El 10 por ciento de las tiendas de ventas al por menor en Estados Unidos se encuentra dentro del área afectada por el huracán.

Se espera un aumento en las tiendas con artículos necesarios, especialmente los supermercados y tiendas de conveniencia.

Igualmente, empresas especializadas en productos para la construcción casera y herramientas vieron un fuerte aumento en sus ventas.

En cuanto a restaurantes, se espera un aumento en establecimientos de comida rápida y empresas que estén en el camino de evacuaciones.

Otros que podrían verse beneficiados con la tormenta son las gasolineras, que han visto el precio por su producto incrementarse ante la mayor demanda y menor oferta.

La tormenta ha obligado a las refinerías de la costa a cerrar o reducir su producción, y los millones de habitantes han salido en busca de más combustible ante un eventual desastre.

Paradójicamente, esto también significa que las mismas refinerías necesitan menos petróleo crudo, lo que ha causado una caída en el precio de la materia prima.

Las preparaciones podrán parecer exageradas, pero según la Agencia Nacional de Oceanía y Atmósfera, dependiente del Departamento del Comercio, la tormenta es probablemente la más grande en arribar a las costas de Estados Unidos en su historia y afectará a una zona con más de 60 millones de personas.

Por lo mismo, se estima que dado a las preparaciones por el gobierno estadounidense, las pérdidas deberán ser menores a las estimadas, en especial en cuanto a las pérdida de vidas humanas.

Es decir, quienes más sentirán el impacto económico serán las tiendas locales, las aseguradoras y la industria de ventas al menudeo.

 

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