Si el Gobierno federal tiene preparado un programa para controlar la inflación a través de la aplicación de “precios de garantía” a productos de la canasta básica, la intervención tiene que ser específica con los artículos y regiones en las que se aplicará para que resulte sostenible.

Durante la primera quincena de abril, la inflación general en el país se ubicó en 7.72 por ciento en su variación anual, un nivel no visto desde enero de 2001 y que fue más elevado de lo pronosticado por los mercados para la primera mitad del cuarto mes del año. Esto como resultado de las presiones a los costos de materias primas por el conflicto armado entre Rusia y Ucrania, además del efecto que ya había generado la pandemia por COVID-19.

Pero tanto la inflación general como la subyacente, es decir, el subconjunto de precios que no están sujetos a la estacionalidad o alta volatilidad, se encuentran por arriba del límite superior de cuatro por ciento del Banco de México (Banxico) desde marzo de 2021. De hecho, en lo que va del 2022 la inflación se ha mantenido por arriba del siete por ciento.

Ante esta escalada de los costos de los productos de la canasta básica, la administración de Andrés Manuel López Obrador ha prometido presentar un plan con el objetivo de suavizar el impacto para las familias más vulnerables, aunque el mandatario federal afirmó que no se trata de un programa de control de precios durante su conferencia matutina.

“Sin establecer control de precios estamos llegando a un acuerdo con grandes productores de alimentos y con distribuidores, con las tiendas departamentales, con todas, y están cooperando, casi todos están aceptando ayudar.

“Y lo que les estamos proponiendo es que tengamos un precio parejo de una canasta básica, que se pueda comprar al mismo precio en la Ciudad de México o en Tijuana, o en Valladolid o en Tapachula, un precio justo. Es una contribución de los productores, distribuidores y las grandes tiendas departamentales, que van a ayudarnos. Estamos definiendo que sean 24 productos básicos para que la gente más humilde no padezca y que tenga garantizado lo básico a un precio justo”, señaló el primer mandatario mexicano.

Sin embargo, este tipo de intervenciones tienen un efecto negativo en la oferta de productos en los que se establece un tope máximo de precio debido a que existen pocos incentivos para generarlos, apuntan especialistas en la materia.

“Si se plantea desde el punto de vista de buscar un pacto en donde los empresarios apoyen tratando de que un conjunto de productos se mantengan relativamente estables, como una de las medidas económicas que se implementaron en otras épocas como el Pacto de Solidaridad, esta estabilidad implicaría que se traslade ese costo a las empresas o empresarios sacrificando el margen (de ganancia)”, explica Carlos González Tabares, director de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex.

En ese sentido, la intervención en los precios de productos de la canasta básica debe ser limitada en los artículos elegidos pero también en las regiones en que se establecerá.

“Esquemas muy dirigidos podrían ayudar a familias, siempre que sea muy puntual. Lo mismo ocurriría con otros productos, si no van dirigidos al final es un costo que alguien asume, ya sea el gobierno, las empresas o el consumidor final y lo mejor es tratar de suavizar esa parte”.

“Estos precios oficiales se establecieron hace tiempo para ayudar a contrarrestar la inflación, lamentablemente no resultó porque cuando un producto de la canasta básica era sometido a esta clase de programas, casi de manera inmediata había escasez del producto”
Carlos Alberto Bautista PerezEspecialista de la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle

La historia reciente de México da cuenta de los resultados poco favorables de programas enfocados en “precios de garantía”, que consistía en establecer precios fijos de compra por producto para productores que cumplían con ciertas características, como las tiendas Conasupo creadas en la década de 1970.

“Lamentablemente con el paso del tiempo el precio de estos productos era igual o hasta más caro que en establecimientos comerciales y con el paso del tiempo tendieron a desaparecer, lo único que queda es la leche de Diconsa.

“Cuando se trata de tener un control en los precios es complicado porque depende de cada zona y aquí dentro de la propia Ciudad de México llegamos a encontrar que hay diferentes tipos de precios”, explica Carlos Alberto Bautista Perez, especialista de la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle.

Otros mecanismos para evitar aumentos de canasta básica

Para tratar de evitar un impacto a los más vulnerables, ambos especialistas apuntan a la importancia de enfocar inversión en diferentes áreas industriales del país y un objetivo claro en torno al control de los precios de los combustibles, y es que aunque en este momento se aplican subsidios, estos apoyos también tiene un costo para el erario.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió respecto a la poca conveniencia de establecer topes máximos en costos y en cambio sugirió aplicar programas focalizados y temporales a los hogares de bajo ingreso a través de transferencias.

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