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La ciencia en México es comúnmente vista con escepticismo en cuanto a su utilidad para el avance del país, esta situación es fruto del  analfabetismo científico de los mexicanos, ocasionado por deficiencias en el sistema educativo, la escasez de medios de divulgación y la indolencia que caracteriza al mexicano tratándose de este tema, todo lo cual se ve reflejado en la poca atención hacia el estado de la ciencia en México y particularmente en la inversión pública y privada en investigación y tecnología.

La ciencia en México es comúnmente vista con escepticismo en cuanto a su utilidad para el avance del país, esta situación es fruto del  analfabetismo científico de los mexicanos, ocasionado por deficiencias en el sistema educativo, la escasez de medios de divulgación y la indolencia que caracteriza al mexicano tratándose de este tema, todo lo cual se ve reflejado en la poca atención hacia el estado de la ciencia en México y particularmente en la inversión pública y privada en investigación y tecnología.

El presupuesto asignado en México durante el último sexenio a la ciencia y tecnología correspondió al 0.4 por ciento del PIB del país, un porcentaje característico de un país en subdesarrollo y no de uno con aspiraciones de liderar a nivel regional, si lo comparamos con el 1.0 por ciento que actualmente dedica Brasil a estos rubros es evidente que el actual liderazgo del país sudamericano no es accidental. 

España, el país donde he estado realizando una estancia postdoctoral durante los últimos dos años, es un caso que merece la pena analizar en relación a la situación actual de la ciencia en México. 

En 1980, en plena transición de lo que fue un periodo de estancamiento científico, el presupuesto asignado a investigación y desarrollo (I+D) era del 0.4 por ciento del PIB español, en los siguientes 30 años el mismo iría incrementándose hasta alcanzar un porcentaje cercano al 1.4 por ciento, todavía lejos de las partidas superiores al 2 por ciento de los países punta como Alemania y Suiza, pero ciertamente una mejoría que se vio reflejada en un incremento en la publicación de artículos científicos en revistas especializadas de alto impacto, la forma más directa de cuantificar la producción científica de un país, así como también un aumento en  el prestigio e impacto de la ciencia y científicos españoles a nivel internacional. 

Desafortunadamente, esa cifra se ha estancado y enfrenta severos recortes, lo que es percibido por diversos sectores como un desmantelamiento del sistema científico español.

México necesita una mayor inversión así como un cambio de actitud de la sociedad hacia el papel que desempeñan la ciencia y tecnología en el avance del país, que están ahí no para ser apoyadas, no como un gasto más sino, en palabras del doctor Marcelino Cereijido, para apoyarnos en ellas. 

En medio de todos los problemas por los que atraviesa nuestro país, económicos y sociales, escatimar en ciencia y tecnología es arriesgar la futura posición de nuestra nación en un mundo globalizado y en constante cambio.

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