"Más que ser sólo un reflejo de la debilidad actual, las bajas tasas de interés pueden en parte haber contribuido a ésta al impulsar costosos ciclos de bonanzas y crisis financieras"

Claudio Borio

Director del departamento monetario y económico del Banco de Pagos
Internacionales


En los últimos siete años la tasa de crecimiento anual compuesto de la deuda global fue más del doblre que la tasa de crecimiento económico

En los mercados financieros, la deuda ocupó los reflectores esta semana. 

La crisis que rodea el enorme monto de obligaciones de Grecia resultó en volatilidad y miedo en las bolsas durante el lunes. Un día antes, pero del otro lado del Atlántico, Puerto Rico también fue causa de preocupación, ya que su gobernador caracterizó como “impagable” su deuda pública.

Pero estos dos casos extremos no son los únicos que alarman a los expertos, ya que las altas cargas de deuda en economías de mayor tamaño, tanto en países desarrollados como emergentes, también son vistas como un problema.

Esta preocupación se debe a que un alto nivel de deuda es históricamente asociado con una reducción en el crecimiento económico de un país, ya que la mayor cantidad de dinero que tiene que ser dedicado al pago de obligaciones es un lastre para la inversión y el consumo.

Además de amenazar el crecimiento, las mayores cargas de deuda incrementan el riesgo de que una crisis financiera sea más profunda y resulte en una recesión. Pero a pesar de estas advertencias y de que aún se viven los dolorosos efectos de la anterior crisis, la deuda sigue creciendo a pasos agigantados.

Un reporte de la consultora McKinsey & Company muestra que en los últimos siete años la tasa de crecimiento anual compuesto de la deuda global fue de 5.3 por ciento, más del doble de la tasa de crecimiento económico promedio que el mundo vivió durante el mismo periodo.

Lo que resulta aún más preocupante es que los expertos ven las herramientas tradicionales de política económica como inefectivas, e incluso contraproducentes, en el combate de este problema.

Sin solución

“La política monetaria sólo puede ser un paliativo. No puede ser una cura”, dijo Diana Choyleva, economista en jefe de Lombard Street Research, en entrevista con el diario The New York Times.

Los comentarios de Choyleva hacen eco a un comunicado publicado esta semana por Claudio Borio, director del departamento monetario y económico del Banco de Pagos Internacionales (a menudo descrito como “el banco central de bancos centrales”).

Borio señala que “más que ser sólo un reflejo de la debilidad actual, las bajas tasas de interés pueden en parte haber contribuido a ésta al impulsar costosos ciclos de bonanzas y crisis financieras”.

“El resultado”, agrega Borio, “es deuda demasiado alta, crecimiento demasiado bajo y tasas de interés demasiado pequeñas”.

Esto se debe a que la reducción en las tasas de interés de referencia, que los bancos centrales han utilizado para impulsar sus economías debilitadas, vuelven menos costoso el pago de los intereses de las obligaciones.

Pero a pesar de que esto libera dinero para otros fines, también vuelve más atractivo el endeudamiento. Además, la baja de tasas sólo reduce el costo de los intereses y no afecta al monto principal de las deudas, cuya reducción traería mayor alivio a los deudores.

Además de traer consigo estos riesgos, el estímulo monetario ha resultado ser una cara solución para el bajo crecimiento, ya que en los años posteriores a la crisis del 2008 los principales bancos centrales del mundo han gastado alrededor de 10 billones de dólares en programas de estímulo económico, con resultados mixtos en el impulso al empleo y la inflación.

Alarma emergente

El caso de la deuda en los mercados emergentes como China y Brasil es especialmente alarmante, ya que estos países fueron los principales contribuyentes al crecimiento económico global posterior a la crisis del 2008. 

En un contexto en donde Europa sigue en problemas y la recuperación en Estados Unidos aún puede tambalearse, si las obligaciones de los países emergentes continúan afectando su crecimiento esto podría arrastrar al mundo a una nueva crisis.

En México, la segunda mayor economía de Latinoamérica, a mediados del año pasado la deuda equivalía al 73 por ciento del PIB. Más de la mitad de ésta (44 por ciento del PIB) corresponde a las obligaciones del sector público.

Esto coloca al país por debajo del nivel promedio de los mercados emergentes (121 por ciento del PIB) y desarrollados (280 por ciento del PIB). Sin embargo, esto no quiere decir que México sea inmune al riesgo económico que la deuda representa.

Aún con un nivel de deuda menor al de otros países, México se enfrentaría a dificultades si el costo de su financiamiento se incrementa. Y debido a que se prevé que se de un alza de tasas antes de que termine el año, este obstáculo podría estar a la vuelta de la esquina.

El alza prevista en la tasa de interés de referencia del Banco de México se daría con el fin de adelantarse a la propia alza de tasas de la Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense, para reducir la fuga de capitales y la depreciación del peso.

De acuerdo al calendario de reuniones de su comité de política monetaria, es probable que la Fed anuncie su alza en septiembre o en diciembre de este año