10 años es mucho tiempo, en especial si hablamos de una espera, y esto fue lo que Guillermo del Toro tardó en poder convertir en realidad su visión de Pinocho. Una película que actualmente llega a algunas salas de cine y el próximo 9 de diciembre estará en la plataforma Netflix. El stop motion es un método de animación muy complejo pero que, si se logra bien, es un deleite a la vista; y la historia de Pinocho es algo que ya hemos visto hasta el cansancio, pero la visión del director más querido de México, podría llegar a ofrecer algo interesante.

 

¿UNA PELÍCULA INFANTIL?

 El cuento de Carlo Collodi ha ido y venido entre adaptaciones, siendo la más conocida la que hizo el famoso estudio del ratón en 1940. Pinocho de Guillermo del Toro es, sin duda, la adaptación más oscura e incluso madura de este popular cuento, sin dejar de ser una película infantil. Desde el inicio nos encontramos con una Italia que poco a poco se va hundiendo en el fascismo, la guerra se propaga rápidamente y los niños del pueblo son víctimas de estos ideales, queriendo convertirse en soldados jóvenes que den su vida por ‘Il Duce’.

En medio de todo este preocupante escenario conocemos a Geppetto, un alegre y apasionado carpintero que, junto a su hijo Carlo, se esfuerzan por mantener el buen humor y cariño padre hijo en su delicada pero formidable relación. Un día y a causa de la guerra, el alegre carpintero pierde a su pequeño Carlo. La vida del pobre viejo no vuelve a ser la misma y es ahí donde conocerá al niño de madera del que ya todo mundo sabemos.

Lo que leyeron en el último párrafo sucede en tan solo los primeros 10 minutos de la película y si creen que es lo más oscuro que van a leer al respecto de esta, les puedo decir que no. Las nuevas capas de contexto agregadas por del Toro son brillantes y aunque en más de una ocasión va a sitios oscuros y más profundos, la cinta en ningún momento se siente pretenciosa o que va demasiado lejos. En realidad, las nuevas dimensiones ayudan a transmitir un mensaje final por demás conmovedor, real y que no se siente aleccionador.

 

LA DIFERENCIA ESTÁ EN LOS DETALLES

El trabajo que el estudio mexicano “El Taller de Chucho” imprimió en la animación de Pinocho fue hecha con mucho amor y se nota. Debo confesar que al inicio el movimiento de los personajes no me fascinaba debido a la fluidez un poco tropezada, pero poco a poco comprendí el homenaje a los titiriteros clásicos que pretenden plasmar en esta producción. Todos y cada uno de los personajes tienen un tipo de movimiento muy particular y muy relacionado a su personalidad. Hablando de personalidad, el trabajo de expresiones faciales es por demás expresivo y logra transmitir a la perfección el sentir de cada uno, haciendo que las expresiones y los diálogos se sumen para entregar una actuación conmovedora de principio a fin.

Al tratarse de una película animada, otro elemento vital para lograr transmitir todo el sentimiento de la cinta es el doblaje. En mi caso, pude ver la versión en español, que para nada es desagradable, de hecho, la mayor parte del tiempo, las voces dan esa sensación de que uno está viendo un cuento infantil traído a la vida.

UNA PELÍCULA CON TODO EL SELLO DE DEL TORO

 Al tratarse de una película infantil dirigida por alguien muy famoso por hacer terror, uno entra con dudas y mucha curiosidad. El miedo y escenarios desagradables que tanto nos gustan y que estamos acostumbrados a ver por parte de Guillermo están ahí pero en esta ocasión el miedo no llega a través de lo visual, sino de los sentimientos en forma de la profunda pérdida y tristeza de un padre, o también, en la ansiedad y constante duda de no cumplir expectativas cómo hijo.

La película no deja de lado lo visualmente terrorífico, en particular con dos escenas que sí me sorprendieron. Pero, en esta ocasión, Del Toro no subestima al espectador y pide comenzar a llamar lo incómodo por su nombre. Duelo, depresión, rabia y miedo. Un catálogo de emociones poco agradables al que el director hace invitación a atravesar y, por fin, superar para dar paso a un crecimiento.

Pinocho de Guillermo del Toro es, creo yo, el trabajo más maduro del cineasta. Una película que muestra la visión de alguien que ha crecido a través de muchos aprendizajes y con un dejo de melancolía; pero que sigue y seguirá apasionado por los monstruos e historias fantásticas. El trabajo de animación no se queda atrás y logra plasmar una de las mejores adaptaciones del clásico.