El noveno juego de Mortal Kombat no sólo reinició la serie, sino que la llevó a toda una nueva era que ha trascendido en popularidad dentro y fuera del mundo de los videojuegos, dando lugar a una película y dos animaciones que, a diferencia de aquellas que se lanzaron hace más de 20 años, son mucho más fieles no sólo a la historia, sino también al concepto original del juego.

Sangre Sobre Sangre

Después de que la primera película animada de Mortal Kombat Legends nos contará el origen de Scorpion y su rivalidad con Sub-Zero, al tiempo en que se organiza el primer torneo mortal, esta segunda producción nos ubica en la pelea definitiva. Shao Kahn y Raiden acuerdan realizar un último enfrentamiento entre los luchadores de cada reino, y quien salga victorioso decidirá el destino de los demás. Poniendo todo en riesgo para detener las continuas masacres y enfrentando a los más temibles adversarios que jamás han visto los héroes del reino de la tierra.

Una premisa particularmente básica y más que conocida por los fanáticos de la franquicia se mezcla con otra historia sobre la liberación de un poderoso demonio pero, al final, ésta última sólo sirve de relleno para intentar darle un final épico a una trama tan genérica y predecible que rápidamente pierde fuerza e interés. Quizá lo único memorable de este filme es su nivel de violencia, el cual deja atrás todo lo que vimos en la película, la anterior animación e incluso, los propios juegos de video, para presentarnos sangre, mutilaciones, desmembramientos, decapitaciones, ruptura de huesos y muchísimas torturas más, de la forma más explícita posible.

Falta Fuerza

Hueca e intrascendente, Mortal Kombat Legends: Battle of the Realms es una curiosidad menor para los fanáticos de la franquicia que la ven para encontrar referencias y fan service. Para el resto del público es una violenta producción con una animación terrible que, quizá, lo más entretenido sea ver como finalmente la gente detrás de la franquicia le hizo caso al meme de Shaggy Ultra Instinto.. pero nada más.