No podría haber sido de otra forma. Después de llevar sus historias y personajes a géneros tan diferentes como el drama, la alta fantasía y la intriga internacional, Marvel Studios decide llevar su fórmula por un nuevo camino: el terror. De la mano de Sam Raimi, quien regresa a la silla del director tras nueve años de ausencia, Doctor Strange y el Multiverso de la Locura es una película que se aleja considerablemente de lo que podríamos haber esperado de estos estudios para bien… y para mal.

América Chávez es una jóven con la capacidad de viajar entre universos. Aunque ella no puede controlar su poder, éste es deseado por fuerzas oscuras de nuestro universo, lo que pone en peligro las diversas realidades. Es aquí donde el doctor Stephen Strange tiene que intervenir, sin saber que esta aventura revelará más de lo que él mismo espera sobre su vida, la de sus aliados y el propio Universo Cinematográfico de Marvel.

Se debe reconocer que esta película es, ante todo, un espectáculo visual. Si bien ya conocíamos la peculiar forma en cómo es representado el mundo y las habilidades del Dr. Strange en el UCM, el diseño de producción y los efectos visuales de esta cinta nos entregan un espectáculo verdaderamente impresionante. De hecho, es prácticamente imposible apreciar la cinta por completo con verla una sola vez; son tantos los detalles en cada escena que se pueden encontrar cosas nuevas con cada repaso. Ahora, ¿esto es suficiente para justificar ver la cinta en la pantalla grande? La verdad, podríamos decir que sí, pero no es lo único.

No vamos a negar que la historia de Doctor Strange y el Multiverso de la Locura es un tanto extrema, rozando el absurdo y la incoherencia en más de una ocasión pero, pues así han sido las historia del personaje en los cómics desde el principio. Afortunadamente, el estilo característico de Sam Raimi logra darle un sentido a esta inverosímil mezcla de momentos y efectos especiales, logrando una narrativa que al menos se sostiene a lo largo de sus más de dos horas de duración.

Obviamente hablamos de una película de Marvel, la número 28, por lo que una historia profunda y un cuidado desarrollo de personajes es algo que queda totalmente fuera de la conversación. La diferencia con otras cintas es que, aquí la comedia no necesariamente cae en el chiste bobo de otras producciones de estos estudios y los cameos / referencias no se vuelven el principal centro de atención. Nuevamente, gracias a la participación de Sam Raimi, nos encontramos con secuencias de terror increíblemente bien logradas; siendo algunas tan escalofriantes (para una película de Marvel), que uno se pregunta cómo es que Disney autorizó su producción.

El trabajo del reparto es bueno, pero fuera de la actuación de Benedict Cumbebatch y la genial interpretación de Elizabeth Olsen, el resto bien podría haber sido substituido y nadie se habría dado cuenta (a excepción de un cameo, pero ese es otro tema). Para finalizar, la música de Danny Elfman es grande, tanto, que se vuelve parte intrínseca de esta película junto con sus efectos visuales.

Aunque no podrá quitarse el mote de ser “otra película más de Marvel”, Doctor Strange y el Multiverso de la Locura es una cinta que merece verse en la pantalla grande.