El presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, se refirió a sus anfitriones japoneses como chinos en su primera aparición en público tras su llegada a Tokio la semana pasada.

En un evento en la sede del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Tokio, Bach proclamó: “Han logrado hacer de Tokio la ciudad mejor preparada para los Juegos Olímpicos. Esto es incluso más notable en las difíciles circunstancias que todos tenemos que enfrentar”.

Sin embargo, Bach se confundió durante su intervención ante los anfitriones al referirse al “pueblo chino” en lugar de al “pueblo japonés”.

“Nuestro objetivo común son unos Juegos seguros para todos: para los deportistas, para todas las delegaciones y, lo más importante, también para el pueblo chino, el pueblo japonés”, dijo Bach, corrigiendo su error rápidamente.

Las declaraciones de Bach fueron traducidas del inglés al japonés y el lapsus no se incluyó en esta versión, pero los medios nipones lo reportaron de inmediato y las críticas no se hicieron esperar en las redes sociales.

Puso fin a su discurso con una frase japonesa: “Gambari mashou” (“Hagamos lo mejor”).

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Bach pasó sus tres primeros días en el país aislado en el hotel de cinco estrellas del Comité Olímpico Internacional en el centro de Tokio, y sus movimientos en la capital japonesa están limitados, como los de casi todos los que entren al país para la cita olímpica, durante los 14 primeros días.

Su primera visita fue a la sede del comité organizador y habló frente a la presidenta del mismo, Seiko Hashimoto, y su director general, Toshiro Muto.

Está previsto de Bach visite Hiroshima este viernes en un esfuerzo por vincular los Juegos al esfuerzo de la ciudad para promover la paz mundial. John Coates, vicepresidente del COI, visitará Nagasaki el mismo día.

La agencia noticiosa japonesa Kyodo informó que un grupo en Hiroshima se manifestará contra la visita de Bach.

Los organizadores han sido criticados por presionar para la celebración de la cita olímpica en medio de una pandemia y las encuestas reflejan que entre un 50 y un 80% de la población local –en función de cómo se plantee la pregunta– están en contra.