Retirarse con una cuarta medalla olímpica hubiera sido, tal vez, un lujo casi innecesario para María del Rosario Espinoza, quien no solo tiene un lugar histórico como la mejor deportista mexicana de todos los tiempos, así como la más grande en la división de más de 67 kilos en la máxima justa deportiva.

Tras perder el pase a Tokio 2020 a manos de Briseida Acosta, se cierra la página de María del Rosario en los Juegos Olímpicos con tres medallas en cada una de sus visitas a la continuación de la tradición de los antiguos griegos: oro en su debut en Beijing 2008, bronce en Londres 2012 y plata en Río 2016.

Con una estatura de 1.73, que muchas veces supuso una desventaja ante rivales de esa categoría, María emocionó a los mexicanos en cada participación, con combates dramáticos como la derrota ante la serbia Milica Mandic en Londres, o esas apretadas victorias en Río contra la marroquí Wiam Dislam y la estadounidense Jackie Galloway.

Soraya Jiménez fue la encargada de abrir la puerta de las campeonas olímpicas mexicanas, mientras que María Espinoza no solo continuó el legado de la halterofilista, sino que lo superó, aunque no podrá llegar a ser la diosa absoluta del olimpismo nacional, puesto que le faltará la cuarta presea.

Con sus tres medallas, la taekwondoína está empatada en segundo lugar de todos los tiempos con el jinete Humberto Mariles, ganador de dos oros y un bronce en Londres 1948, en tanto, el primer sitio sigue siendo de Joaquín Capilla con su presea de oro, de plata y dos bronces.

La ausencia de María en Tokio 2020 no representa el declive del taekwondo femenil mexicano, sino la toma de la estafeta por parte de Briseida Acosta, originaria, al igual que Espinoza, de Sinaloa… “donde se rompen las olas

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