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JUEGOSOLíMPICOS

Los primeros olímpicos de la élite mexicana

Manuel Sebreros

México tuvo participación en París 1900 solo con tres deportistas, quienes consiguieron la primera ‘medalla’ para el país, aunque no se trató específicamente de una presea y no tuvo reconocimiento hasta un siglo después


Mar 19, 2020
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El retorno de los Juegos Olímpicos en 1896 en su cuna, Grecia, fue una fiesta, pero la segunda edición, impulsada por el Barón Pierre de Coubertin en su patria, Francia, no generó el mismo entusiasmo y se cuenta en los registros oficiales del Comité Olímpico Mexicano que pasó sin pena ni gloria.

Sin embargo, para México fue especial. Aunque el país no participó oficialmente como una delegación en los Olímpicos, tres representantes tuvo en tierras galas, con los hermanos Manuel, Eustaquio y Pablo Escandón y Barrón, miembros de la aristocracia nacional y que por su privilegiada condición social pudieron integrar uno de los equipos de polo.

Junto al estadounidense William Wright, los hermanos Escandón integraron el equipo ‘Norteamérica’, uno de los cinco conjuntos que disputaron la competencia del polo en Bagatelle, en el bosque de Boulogne, un campo de hierba silvestre donde Manuel Escandón solía practicar junto a su amigo Conde de Rochefoucauld.

Tras un ‘Round Robin’ inicial, el equipo de los mexicanos cayó en semifinales ante el equipo Rugby (Francia – Inglaterra), por lo que los connacionales se quedaron con el tercer lugar y una charola de plata, pues no hubo medalla de bronce entregada, premio que desapareció en México durante la Revolución.

Sin embargo, el Comité Olímpico Internacional (COI) no reconoció la ‘medalla’ de bronce para México por esta competición sino un siglo después, en 2001, cuando se determinó ignorar el hecho de que todos los equipos de polo de París 1900 tuvieron integrantes de distintas nacionalidades.

Los hermanos Escandón y Barrón, si bien tienen un lugar especial en la historia del deporte mexicano, la realidad es que su estatus aristocrático fue lo que más marcó sus vidas. Hijos de Antonio Escandón, empresario ferrocarrilero que desarrolló el camino México – Veracruz, y quien regaló la estatua de Colón que actualmente está en el Paseo de la Reforma, los polistas se dedicaron a los negocios y Pablo a la política, de la mano de Porfirio Díaz.

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