Fue un juego de locos. En el primer partido de los Raiders en Las Vegas con público en su estadio, los “Malosos” ganaron en tiempo extra a Baltimore, que esta noche no iban a vencer a un equipo tocado por la fortuna.

En su primera serie de la prórroga, los aficionados del equipo oro y plata celebraron de manera muy efusiva lo que parecía ser el touchdown de Las Vegas. Tras la jugada, las bancas se vaciaron, los coaches se saludaron al igual que los jugadores, pero los réferis determinaron que el balón se quedaba en la yarda 1.

Tres jugadas después, el quarterback Derek Carr era interceptado y los Ravens tenían la oportunidad de llevarse el juego, pero el destino ya estaba trazado: este partido lo iban a ganar los locales sí o sí.

Primero, porque forzaron la prórroga con un gol de campo de 55 yardas, faltando 7 segundos en el reloj y ya en la serie ofensiva de los Ravens, Carl Nassib, el primer jugador en activo abiertamente gay en la NFL, golpeó a Lamar Jackson y provocó el balón suelto que le devolvió el ataque a los Raiders.

Y así, vino Carr quien lanzó un pase de 31 yardas a Zay Jones, quien aprovechó una confusión defensiva y recibió solo el balón para encaminarse tranquilamente a la zona de anotación.

Lee también: Steelers da golpe de autoridad al ganar a los Bills

Los Raiders perdían 14-0, pero finalmente cortaron la racha de 98 victorias en la temporada regular para los Ravens en juegos en los que habían abierto una ventaja de al menos 14 puntos.

La derrota agudizó la mala racha que atraviesan la franquicia de Baltimore, castigada por una oleada de lesiones que dejaron en la banca para toda la temporada a sus tres principales corredores: J.K. Dobbins, Gus Edwards y Justice Hill, así como al esquinero Marcus Peters.