Hace 20 años, Diego Armando Maradona tomó el micrófono en la cancha del estadio La Bombonera de Boca Juniors y expresó una de las frases que marcaron su vida: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, dejando claro que sus errores como persona no tenían que ser relacionados con su carrera; sin embargo, esa situación es distinta en este presente. 

A pesar de que esas palabras perduraron dos décadas, sólo bastaron 365 días desde la muerte de Maradona, para demostrar que por más que se quieran ocultar esas manchas, los daños ya están hechos y poco a poco tendrán consecuencias… o al menos eso es lo que se espera. 

Ayer, Maradona fue recordado por sus seguidores. Con misas, oraciones, llanto y anécdotas se le rindió tributo a un año de su muerte; sin embargo, así como “El Diego” provocó muchas alegrías, también hay otros pasajes que, sin duda, pese a la calidad que tuvo en la cancha, terminan por inclinar la balanza hacia su lado negativo. 

Más allá de toda la parafernalia que se tuvo para homenajear al astro argentino, una mancha muy delicada en la vida de Maradona salió a luz hace poco, ya que precisamente días antes de que se cumpliera un año de su deceso, Mavys Álvarez, una mujer cubana, decidió romper el silencio y confesar que cuando ella era menor de edad fue abusada sexualmente por el jugador argentino. 

Álvarez relató que este horrible episodio en su vida fue cuando Maradona decidió vivir en Cuba para recibir un tratamiento médico por sus adicciones. 

“Maradona me tapó la boca para que yo no gritara, para que no dijera nada y abusó de mí. Mi mamá vino a verme ese día a la casa donde estábamos en La Habana y Diego no le quiso abrir la puerta de la habitación. Mi mamá tocó y él no abrió. Me violó. Eso fue lo que pasó”, describió Álvarez en una charla con Infobae. Incluso, Mavys relató que el mundo de los excesos y las drogas los conoció precisamente junto a Diego, pues fue él quien le insistió para que tomara y consumiera sustancias que ella ni conocía.

“Él me fue metiendo al mundo de la adicción. A mí no me interesaban las drogas, no fumaba, no me drogaba, no tomaba. Poco a poco me introdujo en el alcohol. Después insistió en que consumiera (cocaína).

“Es duro estar en su país, ver que está en todos lados. Que es un ídolo y a la misma vez se sien- te feo todo lo que recuerdo de él como persona “, finalizó Álvarez. 

Pese a que este es el suceso más reciente de una acusación como esta, la realidad es que no es la primera vez que el “Eterno 10” recibió este tipo de denuncias, ya que para 2017 en el marco de la Copa Confederaciones disputada en Rusia, una periodista local acusó al argentino de haber intentado abusar de ella cuando se quedaron solos en el hotel donde se hospedaba el exjugador. 

“Vino su ayudante, me arrojó 500 dólares y luego llamaron a los guardias de seguridad. Tres hombres me sacaron de su habitación. Ni siquiera me dejaron tomar mis cosas”, mencionó en su momento la afectada. 

Problemas con su herencia 

Hasta donde se conoce, Diego sólo tiene cinco herederos reconocidos, pero aquí la segunda mancha en el balón se hace presente, ya que hay dos reclamos legales de dos mujeres quienes aseguran que son hijas de Maradona. 

Para no hacer tanto alboroto, y hasta que la justicia lo apruebe, las personas que aseguran que son descendientes de Diego tendrán una prueba de ADN para corroborar lo dicho, pues se sabe que tras el deceso del exjugador se guardaron varias muestras de su genética con la finalidad de dar respuestas a estas y futuras demandas. 

Siguen las dudas 

Una de las incógnitas más constantes en la muerte de Diego Maradona es precisamente lo que provocó su partida, debido a que hasta este momento no hay una respuesta clara para eso, pues su familia asegura que su fallecimiento fue provocado. 

Ante estas acusaciones, siete profesionales de la salud están imputados por presunto homicidio con dolo eventual en la causa judicial que investiga la muerte de Maradona. Entre ellos, el neurocirujano y médico de cabecera del “10”, Leopoldo Luque; la psiquiatra Agustina Cosachov; el psicólogo Carlos Díaz y dos enfermeros que cuidaban al paciente al momento de su muerte en una casa de las afueras de Buenos Aires. 

La acusación se basa en el informe de una junta médica interdisciplinaria según la cual Maradona no recibió la atención médica adecuada para un paciente de alto riesgo con un cuerpo castigado por la adicción a las drogas y el alcohol.