Andrea Pirlo ya sonríe al describir con lujo de detalles la forma en que decide cobrar el penalti ante Inglaterra justo cuando los “azzurri” estaban en desventaja por el fallo de Montellino.

Pirlo lo vio muy provocador y con esa seguridad producto de los muchos años en el oficio, no solo le dio una lección al guardameta Joe Hart, sino una inyección de ánimo a los suyos. Luego el héroe del día, el porterazo Gianluigi Buffon haría su parte. Italia está en Semifinales para una tremenda batalla más como lo han sido los varios Alemania vs Italia.

Mucho más que la semifinal

Aquí lo que se juega no solo es el título como aquella finalísima de España ‘82 o el pase a la Final como en México ‘70, sino el orgullo y el honor bien entendidos.

Por esto no es casualidad que a partir de ese momento por todo el mundo y en particular la televisión ucraniana y polaca hayan repetido desde hace un par de días en varias ocasiones los momentos estelares de aquella Semifinal del primer mundial en México con los testimonios de entonces y de hoy de sus héroes y protagonistas, el mundo del futbol sigue recordando al paso de las generaciones aquella batalla como…

El partido del siglo

Que no es un sobrenombre surgido de algún periodista mexicano, es un título ganado a pulso por aquellos 22 y sus relevos de aquella fantástica tarde del 17 de junio de 1970 en el Azteca.

Apenas se jugaban 8 minutos cuando Roberto Bonnisegna anota para Italia el 1-0 con el que controlan casi todo el partido.

La zaga capitaneada por el grandulón Giachinto Fachetti, la media cancha con el divo de Milán, Gianni Rivera, que para la segunda mitad entra en lugar de Sandrino Mazzolla, hijo de aquel legendario Sandro Mazzolla, fallecido en el accidente aéreo que le costara la vida a todo el conjunto del Torino casi 25 años atrás.

Rivera conecta de inmediato con Gigi Riva, el goleador italiano, inquietando en varias ocasiones al portero alemán, el legendario Sepp Maier, Alemania es Alemania, jamás concede ni un milímetro de nada, por el contrario, Beckenbauer y Overath recuperaban la media cancha para lanzar a Uwe Seeler, el tremendo goleador con su calvicie prematura que lanza un obús atajado espectacularmente por el arquero Albertosi, quien a gritos desesperados trata de tranquilizar a sus defensas.

Italia saboreaba la victoria, se veía así de cerquita, era el minuto 88, el público silba al árbitro peruano-mexicano Arturo Yamasaki que mira su reloj, todo parece estar consumado pero  cuando el rival es Alemania el reloj se exprime hasta su último segundo y aun así hay que esperar no solo el silbatazo sino el final del silbatazo final.

Así ya en el minuto 90 aparece desde la defensa central, entonces las posiciones eran mas rígidas, el enorme rubio Schnellinger, quien entra como locomotora para empatar el juego, lo que obliga a los tiempos extra.

Hasta ahí un juego más con dos complementos de 15 minutos en un mundial que no es poca cosa, pero los ha habido por montones y de los que se recuerdan muy pocos.

La guerra de resistencia

El calor, la altura, el fragor de la batalla, los muchos partidos y desplazamientos previos en el agotador ritmo mundialista con el consecuente desgaste físico pero principalmente anímico y mental, apenas arrancaba el primer tiempo extra cuando el goleador Gerd Mueller pone al frente a su equipo. Alemania gana 2-1 y todo parece controlado por este, su estilo arrollador.

Para muchos equipos este golpe anímico equivaldría a una estocada mortal, haber dominado el juego casi desde el principio y cuando se acariciaba el triunfo y el pase a la Final viene el empate al minuto 90 y luego nada más arrancar e irse abajo es un mazazo anímico casi mortal.

Pero no a la legendaria Squadra Azurra que se levanta y alcanza en el 98’, con un tirazo de volea con la izquierda privilegiada de Burgnich. Otra vez iguales, 2-2 y a empezar de nuevo, esto ya no era un juego de futbol, era una batalla a morir de agotamiento, a ver quien caía primero.

El káiser

Franz Beckenbauer, líder en la cancha y fuera de ella cae en una jugada dislocándose el hombro. Alemania ya había agotado sus cambios, así que con una venda le medio sostienen el hombro en su sitio y a seguir la batalla.

El juego era de ida y vuelta, aquí ya no había tácticas, imperaba solo el espíritu guerrero en ambos bandos.

Gigi Riva la vuelve a hacer, desmarcándose y recibiendo solo para fusilar a Maier, dando la segunda voltereta del partido. Minuto 104 de los 120 e Italia regresaba al control del marcador, solo que Alemania jamás se rinde empatando al 110’ con un cabezazo de Mueller a una mala salida de Albertosi.

Aquí todo era ya emocional, pasional, los errores y aciertos se sucedían por los dos lados, se dejaba el alma en cada jugada, el Azteca vibraba hasta el delirio cambiando de bando en cada gol, todo indicaba penaltis, faltaban 10 largos minutos, ambos equipos seguían peleando ya con signos evidentes de agotamiento.

Italia pone en juego el balón después de la igualada, los alemanes parecen tomar un respiro, la chispa latina surge, Italia apura el saque que aprovecha Roberto Bonisegna para irse por el costado, Gianni Rivera le honra el esfuerzo acompañándolo en una carrera impresionante por el centro para rematar  anotando el cuarto gol que sería el definitivo 4-3 a 8 minutos del final.

Cuando el árbitro silbó el grito de la tribuna era en reconocimiento a ambas selecciones, varios jugadores permanecieron algunos minutos sobre el pasto del Azteca, los italianos no tenían fuerzas ni para festejar.

Unos días después el Brasil de Pelé, Tostao, Rivelinho, Gerson y Jairzinho daría cuenta de estos agotados italianos al son de 4-1 en una de las más grandes exhibiciones de Su Majestad el Rey Pelé, sin embargo quedará siempre la duda acerca del agotamiento de la Squadra Azzura.

Al final de aquel México ‘70 el recuerdo que surge a botepronto es “El Partido del Siglo”, “la Madre de Todas las Batallas de la Historia del Futbol Mundial”. 

El otro Afganistán

Día de descanso en la Euro y como es mi costumbre, día de explorar esta tierra de costumbres arraigadas, diferentes a las nuestras, humildes sin la ostentación de las grandes firmas que marcan modas y tendencias.

Esto se ve allá en Kyiv, la capital ucraniana, quizá en el Zentrum de Kharkov o Donetsk, pero aquí en Zhaporozhye, la región que vió nacer a los cosacos, tan cerca de Rusia no solo por la frontera que se alcanza en un par de horas, sino por el corazón y las costumbres.

Aún y a pesar que los ucranianos tienen bien arraigado su sentido de identidad no dejan esa parte rusa heredada de tantos cambios de banderas colonizadoras, en las que la rusa ha sido la más arraigada en el tiempo y las costumbres.

Los monumentos cambian de nombre

Por todas las ciudades de esta región he encontrado monumentos sencillos, austeros, emotivos representativos de estas zonas cosacas.

El recuerdo a los soldados ucranianos caídos en las dos guerras mundiales, la de 1917 y 1940, sustituyen a los que por más de 80 años conmemoraron la Revolución Rusa de 1917, que da pie a la formación de la Unión Sovietica.

Hoy Ucrania venera a sus caídos, los recuerda en sus propios símbolos de identidad. No más Rusia en sus memorias solemnes, bastante carga emotiva y sentimental hay solo en esta nación tan pisoteada por los invasores de ida y vuelta en siglos y decadas de defender su propio acervo, sus raíces, el orgullo y dignidad de su identidad propia.

El otro Afganistán

Así encuentro un monumento sencillo, digno, emotivo, impactante, tres soldados “de los de hoy”, sobre una plancha de mármol negro con una frase simple, esculpida sobre una piedra de mármol rojo: “A nuestros caídos en Afganistán”, mi mente me lleva de automático a la guerra e invasión del ejército de los Estados Unidos y sus aliados en Afganistán, provocada por los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, solo que de inmediato me regreso, Ucrania no es parte de esos aliados ni Rusia tampoco.

Aquí en estas lejanas (para nosotros y para los Norteamericanos) tierras en donde lo que ocurre no pasa de ser algo anecdótico, lejano, ocurre exactamente lo mismo con la guerra yanqui de hoy en Afganistán, una anécdota lejana.

La guerra que recuerda con dolor a estos caídos ucranianos es la no tan lejana en el tiempo de la historia pero sí en la vorágine de nuestra modernidad, la de 1978, cuando el ejército soviético invade Afganistán en apoyo al régimen en el poder, hecho condenado por el gobierno del entonces presidente Jimmy Carter que se pone del lado de la guerrilla, tema controversial, esas armas luego voltearían sus mirillas en contra de los propios estadounidenses.

De aquel enfrentamiento de potencias me queda el doloroso…

Boicot a los Olímpicos de Moscú

Medida estúpida, incoherente, sin objeto por parte de la administración Carter que no tuvo resultado ni repercusión, salvo el golpazo entre los dientes al movimiento olímpico con un costo y heridas enormes, incluso permanentes, a una generación de atletas que perdieron su oportunidad de participar en una fiesta deportiva.

Las consecuencias repercutieron por más de una década al golpear también a Los Angeles ’84, en contrapartida por parte del entonces bloque socialista al que pertenecía este enigmático Ucrania, solo que aquí…

Las heridas están abiertas

Todavía repercute esa guerra tan sangrienta y cruel como todas las guerras y que vino a unirse como cadena a las guerras mundiales de 1917 y 1940, solo que a partir de 1991 los ucranianos ya pueden llorar sus muertos, curar sus heridas, consolar a sus viudas, huérfanos, heridos, descendientes al haber recuperado abiertamente esa identidad, esas raíces que ahí estaban, ocultas bajo el polvo de las botas militares soviéticas.

 

Impactante mi visita al  monumento a los caídos de Afganistán en Zhaporozhye, en el sureste ucraniano.