“Cuando uno es corazón salado, cuando ya tienes esa conexión con el mar, es un lenguaje aparte, es como aprender un nuevo idioma”, narra Ramón Navarro, leyenda de las olas grandes. Para los amantes del surf, el vínculo que han formado con el océano trasciende las barreras de lo racionalmente comprensible, dándoles otro hogar para buscar resguardo.

Aunque Navarro, surfista chileno de grandes olas, aprendió a practicar este deporte desde los 12 años, su conexión con el mar se dio mucho tiempo antes, realizando pesca y buceo con su padre, aprendiendo el valor fundamental del océano para nuestras vidas y las de todas las especies que lo habitan.

“En mi caso yo aprendí a conocer el mar primero, como mi papá es pescador yo aprendí a pescar y bucear, esa conexión con el mar la tuve mucho antes del surf. Una vez que conocí el surf fue un paso más, como la evolución con el mar y esa conexión tan potente que te exige estar todos los días ahí.

“Es algo mucho más fuerte que un deporte. Nosotros hemos sido una generación súper afortunada de vivir y disfrutar los lugares que la naturaleza nos ha tenido ahí. Pero esos lugares están cambiando por culpa de nosotros mismos. Seríamos muy egoístas si no nos quisiéramos dar cuenta y seríamos muy egoístas si no queremos generar este cambio”, asegura.

Lograr un cambio de fondo, Ramón Navarro

Para el surfista chileno es momento de lograr una verdadera transformación para todas las nuevas generaciones, concentrando esfuerzos a través de proyectos e iniciativas que fomenten el cuidado del medio ambiente, ya que privar a los jóvenes de las bellezas naturales sería un acto de egoísmo.

“Si nosotros tuvimos la oportunidad de vivirlo en la naturaleza, cómo le vamos a prohibir a las nuevas generaciones tener esta oportunidad de disfrutar la belleza de nuestro planeta. Ese egoísmo es momento de eliminarlo y ser un aporte para las nuevas generaciones”, señala Ramón Navarro.

Conexión con el mar

“Desde temprana edad he probado muchos deportes, pero el océano me estaba llamando”, relata Otto Flores. Luego de haberse deslizado por las olas más grandes del planeta, arriesgando su vida entre las gigantescas murallas de agua, para el surfista puertorriqueño el mar le ha regalado lo más preciado en la vida, por lo que ahora es turno de ser recíproco.

En entrevista con Reporte Índigo, Flores, multicampeón nacional de Surf y representante de Puerto Rico en la Liga Mundial, reconoce que su conexión con el mar lo llevó a sumergirse en las aguas de los sitios más cotizados del mundo del surfismo, dando, finalmente, con los verdaderos amores de su vida: su esposa y sus dos hijos.


El mar me ha dado muchísimo. El mar me ha dado a mí muchas amistades, muchas aventuras. Gracias al océano conocí a mi esposa, tengo dos niños preciosos que están saludables. Y he conocido amigos como Ramón Navarro que al día de hoy son parte de la comunidad

Otto Flores

Surfista

“Me llevó a sitios como las Islas Canarias, Puerto Escondido y Hawái. Se convirtió en mi obsesión, pero esa obsesión me dio mucho más que placer, me trajo una familia preciosa, me dio mi tribu o mi comunidad en ciertas partes del mundo. Me llevó a dedicarme a las olas grandes, pero las olas buenas, olas tubulares”, menciona.

Educar a las nuevas generaciones

La profundidad e inmensidad de los océanos le han hecho creer al hombre que el “gigante azul” podía utilizarse como un vertedero de químicos, detergentes, plásticos y otros sólidos; sin embargo, la fragilidad de los ecosistemas marinos se ha hecho cada vez más evidente, con la destrucción y explotación de hábitats completos y llevando a especies al borde de la extinción.

Para regresar una pequeña parte de lo que ha recibido, Otto Flores trabaja con jóvenes en comunidades marginadas de Latinoamérica, enseñándole a las nuevas generaciones a reducir el consumo de plástico, así como aprender a reutilizar los materiales no biodegradables que terminan contaminando el océano.

“Ahora soy el que le debe al mar y nos toca protegerlo y ayudar a que como seres humanos nos cuidemos y no le demos plástico y todas estas cosas malas que en realidad van a afectar a las vidas de nuestros hijos y nuestros seres queridos.

“Enseñar a los niños a surfear a cambio de darles educación sobre lo dañino que es el plástico en el mar. Les enseñamos la cancha preciosa que tenemos para practicar el deporte y después les enseñamos modalidades positivas para hacer con ese plástico “, indica.

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