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Iraq: Peor que Hiroshima y Nagasaki

La guerra y posterior ocupación del país árabe, que finalizó en diciembre del año anterior, fue analizada recientemente en el Tribunal de Kuala Lumpur. La situación de los niños es estremecedora.

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Los efectos del uranio empobrecido en los bebés de Faluya son mayores que los de las zonas afectadas de Japón por los ataques nucleares de 1945.
"El gobierno estadounidense ha gastado miles de millones en esta guerra, pero no ha invertido nada en los problemas causados por su peligroso armamento”
Bashier Mazim
Doctor de la Universidad de Bagdad
"Puedo asegurar que esos niños nacidos con malformaciones y cánceres son el resultado del desastre que se abatió sobre nuestra tierra con la presencia estadounidense”
Bashier Mazim
Doctor de la Universidad de Bagdad

Bie Kentane, activista, trabajadora de la ayuda humanitaria especializada en infancia y miembro del Tribunal BRussells, leyó una ponencia el 7 de mayo de 2012 en las Sesiones de Diálogo del Tribunal de Crímenes de Guerra de Kuala Lumpur sobre la situación de los niños en Iraq después de la guerra.

El Tribunal BRussells es definido en su sitio de Internet por los miembros de su comité como un tribunal de “intelectuales, artistas y activistas que denuncian la lógica de la guerra permanente promovida por el gobierno estadounidense y sus aliados, que afecta al futuro de una región concreta del mundo: el Medio Oriente”.

Por su parte, el Tribunal de Kuala Lumpur surge dentro de la Fundación Kuala Lumpur para criminalizar la guerra. Persigue delitos contra la paz, crímenes de lesa humanidad, genocidios y crímenes de guerra, especialmente si los órganos judiciales internacionales competentes no lo hacen.

El informe se centra en las violaciones, tanto por parte de las fuerzas ocupantes como por parte del Gobierno iraquí, de dos convenciones.

Una es la Cuarta Convención de Ginebra, firmada en 1949 y relativa a la protección de civiles en tiempos de guerra. La otra es la Convención de los Derechos de la Infancia de Naciones Unidas. Ésta reconoce el derecho de los niños a la vida y al desarrollo físico, mental, moral y espiritual en un ambiente seguro.

Las acusaciones

Kentane denuncia que las potencias ocupantes cambiaron la estructura social del país, perpetraron actuaciones de limpieza étnica y destruyeron el sistema de tratamiento del agua, así como instalaciones sanitarias y educativas.

También las acusa de haber bombardeado indiscriminadamente zonas densamente pobladas, de explotación, asesinatos, mutilaciones, secuestros, violencia de género, tráfico humano, reclutamiento, utilización de personas para fines de grupos armados, forzar al trabajo infantil y privar de la libertad.

Además de todo esto, la ponencia subraya los  problemas mentales que causa a los niños vivir una guerra, tales como la ansiedad, la depresión e incluso la psicosis.

El derecho a la vida

El artículo 6 de la Convención de los Derechos del Niño dice lo siguiente: “1. Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida. 2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño.”

Según Kentane, las cifras oficiales y estimaciones de medios en Iraq, siendo las más importantes las de Iraq Body Count, no han recogido entre el 70 y el 95 por ciento de todas las muertes.

La activista considera más realistas las de Just Foreign Policy. Esta organización estimaba que con fecha de enero de 2011, el número de víctimas alcanzaba el millón 455 mil 590.

Según escribe en un artículo Kim Sengupta, corresponsal del periódico The Independent, de las bajas causadas entre las fuerzas del Gobierno estadounidense, el iraquí y los insurgentes, el 42 por ciento fueron niños.

Según Iraq Body Count, el 39 por ciento de los asesinados por la coalición de Estados Unidos fueron niños.

Las muertes indirectas

Pero el informe no se limita a las bajas o a las muertes violentas. También analiza las muertes producidas por un entorno pobre, devastado y contaminado e incluye aquellas que fueron causadas por enfermedades, desnutrición o inanición.

La guerra aumentó la gravedad de ese tipo de violaciones entre otras cosas por exponer a la población al uranio empobrecido.

La Organización Mundial de la Salud, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, la Real Sociedad Británica y la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos alertó sobre el efecto de este mineral sobre la salud.

En general, como recuerda el informe, la destrucción bélica de infraestructura militar e industrial libera metales pesados y otras sustancias al aire, al suelo y a las aguas subterráneas.

Si el agua envenenada y las sequías pueden ser mortales, la exposición prolongada al uranio empobrecido es la causante de malformaciones congénitas, abortos involuntarios y cánceres.
Este tipo de enfermedades aumentó más rápido a partir de 2005, apenas un año después de los bombardeos de 2004.

Según el informe de Bie Kentane, “Los casos de malformaciones congénitas relacionadas con la radiación procedente de las bombas nucleares estadounidenses llega al 14.7 por ciento de todos los bebés nacidos en Faluya, más de 14 veces la incidencia de las zonas afectadas en su día en Japón”.

Por otro lado, del total de las víctimas de las bombas de racimo y las minas antipersonas, alrededor del 25 por ciento fueron menores de 14 años. Las provincias de Al Munthanna y Basora ya han superado a Angola en la cantidad de niños con amputaciones.

Además, también pueden incluirse en las causas de muertes indirectas la destrucción de infraestructuras comunitarias y sanitarias.

Sanidad

Pero la destrucción de esas infraestructuras también contribuye a desmantelar el sistema de salud y, en consecuencia, se viola el artículo 24 de la Convención: “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud”.

Este artículo también se incumplió por el hecho de que hasta un 75 por ciento de doctores, farmacéuticos y enfermeros iraquíes abandonaron sus puestos de trabajo desde la invasión de Estados Unidos en 2003.

Entretanto, se calcula que las tasas de desnutrición infantil no han cesado de aumentar, que sólo uno de cada 3 niños menores de 5 años tiene acceso al agua potable y que uno de cada 4 está crónicamente desnutrido.

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