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Medellín: Favor de no olvidar

Escribo desde el Foro Urbano Mundial de la ONU-Hábitat en Medellín, Colombia. 

He reconocido que el proceso de transformación de esta ciudad no sólo me han reinventado a mí misma, sino el trabajo que realizo en Monterrey y que se ha convertido en mi historia favorita cuando pierdo la esperanza. 

Escribo desde el Foro Urbano Mundial de la ONU-Hábitat en Medellín, Colombia. 

He reconocido que el proceso de transformación de esta ciudad no sólo me han reinventado a mí misma, sino el trabajo que realizo en Monterrey y que se ha convertido en mi historia favorita cuando pierdo la esperanza. 

No es la primera vez que estoy aquí. Años antes de que se realizara este evento internacional, que en realidad es un reconocimiento al trabajo de gobernanza, ciudadanía y política de “los paisas”, mis amigos Sergio Fajardo, Jorge Melguizo, Alejandro Echeverri, entre otros, me mostraron las entrañas de una ciudad en la que con un cambio político, de relación de estructuras gubernamentales, de alianzas público-privadas y del involucramiento de la ciudadanía, ha desarrollado programas de intervención pública que lograron montar las bases para el cambio de su cruda realidad de hace más de una década: la marcada por la guerrilla y el narcotráfico. 

Esa Medellín a la que nadie visitaba por peligrosa, cuyo único reconocimiento mundial era por ser la cuna del narcotraficante Pablo Escobar.

Pero la misma no se hace sola ni nace de la nada. 

El fin de semana pasado estuve trabajando en el Museo Casa de la Memoria, un lugar que es la voz hecha museografía de las víctimas. Fue ahí donde le escuché a su directora de relaciones, Ericka Rivera, que “Medellín está en el conflicto. 

No ha superado el conflicto y estando en el conflicto hacemos un llamado al mundo para no olvidar, para que no vuelva a pasar”.

Nadie puede obviar la situación que como en México, sigue persistiendo en Colombia. 

Porque realmente estamos viviendo problemas muy profundos y tan arraigados relacionados con las violencias, la corrupción y la impunidad que cada día aparece un reto que no es tan distinto del anterior. 

Por eso mismo, este miércoles pasado que fue el Día Nacional de Solidaridad con las Víctimas (nosotros no tenemos una jornada cívica de esa importancia), colectivos, organizaciones civiles y otros ciudadanos armaron una manifestación simbólica para contar las otras caras de la ciudad que en el último año dejaron, por ejemplo, un saldo de más de mil 400 personas desaparecidas de manera forzada. 

El escultor Sergio Restrepo apoyado por esta iniciativa ciudadana se dio a la tarea de hacer más de mil 200 esculturas que colocaron desde muy temprano en la Alpujarra, que es la zona perimetral en donde se encuentran ubicados el Concejo, la Gobernación y la Alcaldía. 

Una señora de 60 años se acercó para preguntar sobre los objetivos de la instalación con evidentes lágrimas en los ojos. 

Cuando se le explicó para qué era, ella contó su propio “martirio”. 

“Yo soy víctima del conflicto armado. 

“Perdí a mi hijo y a mi esposo, me di cuenta de que ya no estaban, y que no tenía casa ni nada, hasta 15 días después que desperté en un hospital”… 

Esas experiencias lejanas o cercanas son las que están lacerando nuestra vida colectiva desde el momento en que nos provocan miedo, terror y una terrible parálisis emocional. 

Por eso mismo, hay que verle a esta ciudad como a otras su propia “cicatriz” de vez en cuando.

No con un afán de provocarnos dolor, sino para recordar que no hay modelos de ciudad exitosos, más bien, hay que seguir resolviendo problemas públicos cada día. 

Más que armar agendas publicitarias de “marca-ciudad”, hay que aceptar nuestras realidades. 

Más que “maquillar” procesos sociales inexistentes, hay que comenzar a crearlos. 

Porque el conflicto que se vive en Medellín o en Monterrey no se acaba y nos sigue enfrentando a retos nuevos. 

Que ese “favor de no olvidar” que mandaron como mensaje estos jóvenes artistas que repercuta para que como dice Erika: No se repita.

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