Si no fuera por el sexenio de la lucha contra el narcotráfico…
Si no fuera por los miles de muertos, más de 70 mil…
Si no fuera porque sé que somos un país que puede con casi todo…
Si no fuera porque pese a lo sucedido en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y las muy curiosas e increíbles –siempre increíbles– versiones de la SSP “production”…
Si no fuera por los incidentes de esta semana en Chiapas…
Si no fuera por todo eso, podríamos pensar que estábamos viviendo un momento diferente del de una elección.
Muchos de ustedes me hacen el favor de enseñarme con sus comentarios, muchas veces reprobatorios, lo que va sucediendo día a día.
Cuando digo que esta elección está siendo una muestra de civilidad, me refiero a que dadas las condiciones generales del entorno nacional mexicano, que revelan que celebramos el bicentenario con una película como “El Infierno” y empezamos esta campaña electoral con dos filmes rojos, no solo por la publicidad, sino por sus contenidos: “La Cristiada” y “Colosio”, y además tenemos más muertos que los caídos en la guerra de Iraq, pues naturalmente lo que está pasando me parece lamentable, pero casi insignificante en comparación con lo que podría pasar dada nuestra historia.
Soy periodista, y siempre que escribo –con independencia de mis talentos, sean los que sean, ésos los juzgan ustedes– no se me olvida que hoy ejerzo este oficio en el país más peligroso del mundo para hacerlo.
Mi reflexión final es que esta elección tiene ya un ganador. El ganador somos nosotros, es el pueblo de México en la medida en que le hagamos al próximo presidente imposible zafarse de nuestra sombra, de nuestra fiscalización y le exijamos responsabilidades.
Somos ganadores con independencia de quién diga el IFE que ganó la elección. Lo somos desde el momento mismo en que estemos dispuestos a usar nuestro poder, que es el único que está por encima del de ellos.
Somos ganadores porque pese a tener todas las razones políticas, económicas, sociales y, en algunos casos, hasta cuasi militares para estar en medio de una fiesta de sangre, estamos celebrando una elección pacífica en términos generales, anteponiendo el instinto de conservación de nuestros hijos a nuestras furias acumuladas durante tantos años.
El verdadero éxito de esta elección consiste en dónde se ha dado, con qué componentes se ha dado y cómo el pueblo de México ha descubierto el poder que tiene.
Seguramente una de las cuestiones que debemos agradecer al sexenio que terminará de manera real el próximo domingo, cuando se hagan públicos los datos del PREP, es que gane quien gane, el pueblo de México ahora sabe que las armas y las pistolas sirven para hacer sopa.
Porque realmente venimos de una de las épocas más violentas de la historia del país, y lo que hemos conseguido es la convicción –espero que todos– de que es mejor ya no tenerla solo en paz, sino en paz y con exigencia.
Yo ya elegí. Voto por el pueblo de México, y solo le pido a los mexicanos que no olviden que aquel que nos digan que ganó, lo hizo no por el de enfrente, lo hizo por ti, por mí y por todos. Por lo tanto, todos debemos estar dispuestos a exigirle desde el minuto siguiente que, por favor, no nos traicione.









