Federico Reyes Heroles es una de las voces democráticas más respetadas en el viciado mundo de los llamados intelectuales mexicanos.
Desde siempre lo admiro, y valoro sus puntos de vista. Lo leo y lo escucho buscando en su ecuanimidad el punto de equilibrio justo dentro de los debates que tienden a la polarización.
Por eso me sorprendió su reflexión de ayer en el diario Reforma, en la que se refiere a los que llama “Profesionales de las Sombras”.
Su disertación busca descalificar a todos aquellos que cuestionan la eficacia del sistema electoral mexicano. La partidocracia, la telecracia, el IFE, las encuestas, los conteos rápidos, la operación electoral o los fondos de las campañas.
Desde el punto de vista académico, institucional, los planteamientos de Reyes Heroles son impecables. Califican dentro de las visiones del vaso medio lleno, que exigen valorar lo avanzado. Que antes estábamos peor. Y es cierto.
Pero el argumento se estrella con una realidad que no puede explicar lo que se ve, pero se ignora.
Como, por ejemplo, cuántos fondos públicos de los gobiernos estatales están financiando al margen del IFE las campañas políticas. Se ve, se denuncia, pero se omite el castigo.
¿Por qué nadie contabiliza el costo de los vuelos diarios en jets privados que hacen algunos candidatos para cumplir con sus actos de campaña? ¿Quién y a cambio de qué “presta” sus aviones?
¿Quién o quiénes están fiscalizando el costo de los miles y miles de espectaculares, de todos los candidatos, que saturan el panorama urbano? ¿Alguien podría sumar y multiplicar?
¿Cuánto se está pagando por los cientos y cientos de autobuses en los que todos los partidos transportan –o acarrean– a sus simpatizantes para que asistan a los cierres de campaña?
Para Reyes Heroles, casi siempre justo y mesurado, los que cuestionan son personajes que operan desde las sombras para sembrar la duda donde no la hay. Pero su entendible defensa institucional se colapsa en el párrafo final.
“Esas sombras son una traición. Por eso mi voto es en contra de los profesionales de la sombra. Espero que Quadri, JVM y AMLO tengan la entereza democrática de reconocer a tiempo al muy probable vencedor”.
O sea que el exhorto de un intelectual de la talla de Reyes Heroles es para todos, menos para Enrique Peña Nieto, a quien ya califica como el “muy probable vencedor”.
Eso es precisamente lo que da al traste con las democracias.
El asumir resultados por anticipado, antes de que los ciudadanos decidan en las urnas.
El sumarse a un coro de voces que entonan prematuramente una victoria que todavía no se da, pero que ya se festeja montada sobre encuestas.
Unas encuestas que en su mayoría muestran que los indecisos o los que no contestaron son más que la diferencia entre el puntero y el segundo lugar. Es decir, que cualquiera puede ganar.
Las experiencias de punteros fallidos, como Labastida en el año 2000 y López Obrador en 2006, no le permiten a nadie decir que ya tiene la Presidencia 2012 en la bolsa.
Las encuestas son un instrumento de medición muy perfectible que ya demostraron en México que son falibles.
En una de las últimas elecciones estatales, la de Michoacán, tanto el diario Reforma como Milenio daban amplia ventaja a la hermana del presidente, la panista Luisa María Calderón, por encima del priista Fausto Vallejo.
Y entonces no hubo necesidad de invocar a las sombras de Vallejo para que tuviera la entereza democrática de reconocer a la que entonces era considerada por las principales encuestas como “la muy probable vencedora”.
Los realidad, que fue muy distinta, se encargó de poner a cada quien en su lugar.








