Puedo, debo y quiero asumir toda mi responsabilidad respecto a que las cosas hayan salido como han salido.
Sé que aunque a mucha gente no le parecemos bien, que no cree que lo que estamos haciendo sirva para tener un país mejor, hay mucha otra que opina lo contrario y que nuestro balance, es decir, la razón por la que hoy me está leyendo, es solamente una: la única manera de hacer los caminos es empezando a andar.
En el primer número de este periódico dijimos que no bastaba con denunciar a los corruptos. Hoy decimos que no hay nada más peligroso para los corruptos y los profesionales de la política que el hecho de que no sepan leer bien el mensaje que la sociedad mexicana les lanza: es la última oportunidad, en “buena onda”. Si la desaprovechan, no tendrán otra.
Por nuestra parte, como sociedad, le quiero pedir que no tenga miedo de que su gallo no sea presidente, que no gane. No tenga miedo a equivocarse. No tenga miedo a exigir. Es momento de vivir y elegir sin miedo.
Sin miedo, porque hoy el mundo ha demostrado que hay vida fuera del presupuesto. De hecho, los presupuestos de Google, Facebook y Microsoft gobiernan el mundo.
Sin miedo, porque los hechos demuestran que se ha producido una inversión de la pirámide. Los que mandamos somos los que consumimos hasta el poder, las órdenes, la represión o la decepción que nos puedan crear los de arriba.
Sin miedo, porque hemos tocado fondo en una crisis mundial que trataba de mantener el cómo pasar de tener dos coches por casa a cuatro. Estamos equivocados en el modelo, está agonizando.
En un país donde más de 50 millones de mexicanos tienen problemas con su ración de tortilla, hay que saber que solo podemos tener miedo a que las cosas sigan como están. Con esa pobreza, somos el tercer país con mayor número de billonarios. Algo falla, en algún sitio perdimos el sentido común.
Sin miedo a lo que nos puedan hacer. Por si usted no se ha dado cuenta, ya nos lo han hecho todo: nos robaron la cartera, nos robaron los años, nos robaron las esperanzas. Lo único que no pueden hacer ahora es robar nuestra fe en que somos capaces de sobrevivirlos, inclusive a ellos.
Sin miedo, porque ningún acarreo, ningún partido, ninguna despensa, ningún gobernador, ningún policía, ninguna bala, ningún narcotraficante, ningún presidente vale más que el más bajo de nosotros.
Yo no tengo miedo. Me los consumí todos, y ahora solo hay una cosa que me asusta: no ser capaz de entender que, por primera vez, todo cambió, y que hay que aprovecharlo en beneficio de todos. A eso sí le tengo miedo.
Votaré por quien pienso que tiene las posibilidades de hacernos un país mejor. Ese país mejor no es coincidente con lo que me gustaría, pero el futuro, como el gobierno, no es un restaurante donde uno puede pedir a la carta lo que le apetezca.
Se trata de la elección de lo posible, según lo que da la tierra. Y en este momento, en nuestro país, cualquier cosa es mejor que la paralización, la pérdida de tiempo, el robo para gasto corriente y la corrupción que existe en un sistema que ni es capaz de reformarse, ni de regenerarse, ni de invertir lo que es necesario para crear el nuevo país.
No me da miedo equivocarme. Votaré por quien pueda construir una mayoría absoluta. Porque quiero tener absolutamente todas las razones para exigirles y poderles imponer, que no es que no quisieran, que no es que no pudieran, sencillamente nos estaban engañando proponiéndonos hacer cosas que aunque les dimos las armas para hacerlas, pudo más su cochupo, su corrupción y su interés, que nuestro interés, el de los mexicanos.









