Estoy confuso. Cuando los líderes de los partidos del Movimiento Progresista dijeron que desconocían la elección, ¿qué querían decir? Cuando AMLO dice que nadie se precipite hasta el jueves, ¿qué quiere decir? Cuando Josefina Vázquez Mota, mucho antes de que el propio PREP lo anunciara, dijo que las tendencias (¿quién se las había dado, cómo las sabía, por qué tanta certeza?) no le favorecían, ¿qué quería decir?
El ganador de la elección, según el IFE, está claro. Pero cuando dicen que antes el problema era el conteo, y que ahora es el “compreo”, según el twitt literal atribuido al diputado Di Costanzo, me pongo a temblar. ¿En qué momento se compra un voto? ¿Es cuando nos atontan con nuestra hambre y nuestra ilusión? ¿Qué es comprar un voto?
En la prostitución hay distintos niveles. La más baja y seguramente la menos perversa es la compra carnal a cambio de dinero. Conforme suben los tratos o la sofisticación, sigue siendo prostitución, pero se le llama de otra manera.
¿Cómo pasamos del problema de que le quitaran –por un mal conteo– 2 millones de votos a López Obrador (y si solo fueron dos, tampoco ganaría), a la compra de votos?
Es lamentable traficar con la necesidad humana. Es de agradecer tener un sistema en el que es posible garantizar que la fiabilidad del proceso electoral no es fácil robarla en su conjunto. De allí hacia atrás, efectivamente, la elección no tuvo equidad. La vida en México no tiene equidad.
Los ganadores deben saber que ganar hoy significa que uno sale con la posibilidad política, y que integra rápidamente a la gente, o con la misma velocidad con la que llega, se esfuma.
No creo que –salvo que decidamos, y si ése es el caso, estudiémoslo, destruir el IFE– se pueda jugar a definir, como hizo algún panista célebre, si la victoria de Peña Nieto es legal pero no legítima.
Le pido a Josefina y al PAN que definan su postura. Le pido a Calderón que deje de ser el político más feliz del país y aclare lo que piensa. Una vez que su gobierno quedó marcado por el “haiga sido como haiga sido”, es claro lo difícil que resulta, y más si el oponente es AMLO.
Les pido a los ganadores que muestren cintura política, no solo eficiencia técnica, que muestren calidad humanística, que integren y convenzan que es mejor transitar por las avenidas del desarrollo institucional que taponear el tráfico en las calles.
Le pido al conjunto institucional que haga un esfuerzo, a través de sus protagonistas, los que mandan –ya que, desafortunadamente, pertenecemos a un pueblo que no se termina de enterar que el poder está de su lado–, y obligue a los políticos a que nos den respuestas y mensajes claros.
Los ganadores: ¿van a aceptar el resultado de la elección? ¿Qué van a hacer con él? Los perdedores (según la información que hasta hoy tenemos): ¿van a aceptar este resultado y a continuación van a iniciar una cruzada contra la ignorancia política? De ser así, me apunto.
¿Pueden el PAN y el gobierno federal definir qué posición les conviene más? ¿Denunciarán la equidad o decidirán participar en la renovación de la sociedad y serán elementos de presión y control sobre los ganadores?
México debe pasar del país del lamento al de la alegría; del que pide al que ofrece, pero, sobre todas las cosas, debemos entender algo: no es cierto que los países tienen los gobiernos que se merecen, pero como dice David Konzevik, sí tienen los gobiernos que se les parecen.
Debemos cambiar. Debemos presionar, actuar y funcionar en política para que ni siquiera los priistas puedan seguir siendo esa parte del priismo que no nos gusta. Y a todos los demás, en definitiva les tenemos que exigir que dejen de poner nuestra vida en sus manos, porque así siempre nos ha ido y nos seguirá yendo mal.









