Yo no creo en un candidato que le rehúye al debate…. respira miedo.
Yo dudo de un candidato que pelea por el mínimo esfuerzo para transmitir sus ideas a los ciudadanos… teme que algo se le note.
Yo no creo en un candidato que se dedica a cuidar sus encuestas por encima de las propuestas… está inseguro de lo que es.
Yo dudo de un candidato que pretenda engañar con un debate que se viste de monólogo… nos quiere ver la cara.
Yo no creo en un candidato que se apegue a un script… otros hilos lo mueven.
Yo dudo de un candidato que le rinde culto al teleprompter…. es un esclavo de la pantalla.
Yo no creo en un candidato secuestrado por el chicharito… por ahí se filtran los intereses.
Yo dudo de un candidato que pasa más tiempo justificando “por qué no” y no buscando “el cómo sí”… solo busca el acomodo.
Yo no creo en un candidato que luzca fresco, impecable y sin sudor a las ocho de la noche…. transpira frivolidad.
Yo dudo de un candidato que necesita de otras alas para volar… alguien más lo tiene que sostener.
Yo no creo en un candidato que hace compromisos de todo, pero no puede comprometerse a debatir… es un político a modo.
Yo dudo de un candidato que teme escuchar en un debate el nombre de una niña… quizá no tiene respuesta.
Yo no creo en un candidato de peinado inmóvil… las sacudidas de conciencia despeinan.
Yo dudo de un candidato que solo vuela en aviones privados y no rinde cuentas claras de su costo… alguien nos cobrará esos favores.
Yo no creo en un candidato de telenovela con eterno final feliz… en algún lado está el villano.
Yo dudo de un candidato que ve como un accesorio de moda la banda presidencial… no es Dolce & Gabanna.
Yo no creo en un candidato que se recarga en la magia de un genio de la televisión… seguro tiene un Big Brother.
Yo dudo de un candidato que vuela con las gaviotas… el país necesita un ave fénix.
Aún es tiempo de volver a creer. Todavía se pueden despejar las dudas. Es cuestión de decisión.









