Ser esposa de Andrés Manuel López Obrador no es nada fácil.
A sus 43 años de edad, con un hijo de cinco, con una maestría en Literatura Iberoamericana, una novela publicada y dos campañas a cuestas, Beatriz Gutiérrez Müeller se ve el 2 de julio próximo cansada, pero feliz, porque “va a rendir frutos todo el trabajo de miles de mexicanos que han luchado por la transformación de México”.
En la primera entrevista que da a un medio de comunicación, la cuasi doctora en Teoría Literaria admite que prefiere al López Obrador me-surado y propositivo que apareció en el segundo debate presidencial porque “este país ya no puede seguir” metido en la tensión actual. “Tiene que aflojarse y haber una reconciliación, y poner orden”.
Discreta, sin guaruras que la cuiden, sin camionetas Suburban, Beatriz llega a la cita con Reporte Indigo en un restaurante del Jardín Centenario, en Coyoacán.
Al final de la entrevista, luego de tomarse fotos con admiradores de su esposo, se irá con su auxiliar a bordo de un modesto Jetta color hueso.
La pregunta es inevitable: ¿Te ves viviendo en Palacio Nacional?
“No –responde–. ¿Cómo crees? No me imagino vivir en un lugar con tanta historia. ¿Te imaginas todo lo que ha pasado por ahí? Ahí murió Benito Juárez. No ‘futureo’. Yo no me estoy imaginando (…). Yo voy al día de hoy. Lo que venga, cuando llegue”.
Dice que su hijo Jesús Ernesto ve a su padre “a partir de lo que le dicen en la escuela”, pero él quiere al que está en su casa, al que juega con él, con el que aprende y pasea.
—¿Sabe tu hijo que el primero de julio habrá elecciones?
—No. Claro que no. O a lo mejor sí y no estoy enterada. A lo mejor sabe más de lo que yo pudiera suponer —suelta la carcajada.
La esposa de López Obrador asiste poco a los mítines de campaña. Lo suyo es el bajo perfil viviendo en su departamento de la Colonia del Valle (“alguien tiene que ser pie de casa, pie de familia), y no en las mansiones que le han inventado “los que no nos quieren”.
En ese sentido, camina, cocina y cuida a su hijo, pero también lee y escribe en su celda sorjuanesca.
“Si mi pareja fuera cajero de un banco o vendedor de enciclopedias de casa por casa igual lo apoyaría”, dice entre risas.
Admite que vivió las elecciones de 2006 con discreción, con prudencia, con angustia también.
“Fue una embestida muy fuerte contra Andrés, contra el movimiento. (…) La violencia se evitó a través del plantón de Reforma. Ojalá mucha gente lo entienda así, sobre todo cuando hubo elecciones tan fuertemente cuestionadas.
“Creo que nunca se podrá saber de qué magnitud fue el fraude que se dio en 2006”.
—¿Tenías miedo? ¿Tuviste miedo?
—Sí, cómo no. Cómo no. Porque tú no sabes quiénes del otro lado están enfurecidos, tanto que quieran actuar de una forma poco convencional.
A sus ojos, López Obrador es un héroe moderno de una nación del siglo 21.
“Es el que sale y es capaz de hacer una transformación a partir, diría Giordano Bruno, del furor heroico”.
Es también un lunático, es decir, un soñador. Y eso es mejor, señala.
Tlatelolco y los #YoSoy132
Recientemente Beatriz empezó a aparecer en mítines y en algunos actos simbólicos de campaña, como en Tlatelolco, donde se le vio emocionada junto a su esposo. Incluso daba la impresión de que él había llorado en algún momento.
—Sí, sí, sí —responde.
Y ella vibraba.
“Sí. Es que el que estuvo ahí pues, sinceramente, no pudo dejar de sentir. Imagínate la masacre que hubo ahí en el 68. Imagínate ver así, entre sombras y luces, a los fantasmas de los que hablaba Paco Ignacio Taibo.
“Yo fui a Tlatelolco por primera vez cuando se cumplieron los 30 años. En el 98. Fue muy impresionante para mí porque sientes ese peso de los muertos. Está ahí. Esos héroes también, con ese mismo furor del que hablamos. Es un furor que estaba ahí, en la ilusión de esos jóvenes.
“Y estoy de acuerdo con Paco Ignacio Taibo: que su lucha, su dignidad y, en el caso de miles, su muerte, ayudó a construir un mejor país”.
Era el momento perfecto para preguntarle sobre el movimiento #YoSoy132.
Hay que esperar un poco más, dice Beatriz.
“El furor ya está, y espero que no sea heroico sacrificando vidas, para que no quepa más otro 68 y otro 71.
“A mí me gusta, por lo pronto, el entusiasmo que tienen, la construcción de una sociedad mejor que han planteado. La necesidad de contar con medios más democráticos”.
Quevedo y la literatura clásica
Para ella, Francisco de Quevedo es el mejor poeta y narrador de la lengua castellana. Bernal Díaz del Castillo y Giordano Bruno son sus personajes favoritos. No los contemporáneos. Los antiguos.
“A mí me gusta muchísimo la literatura antigua. Si yo hubiese estudiado filosofía, sin duda me habría metido a estudiar a los griegos clásicos o a los latinos clásicos. Ése es el germen del pensamiento de Occidente. Lo ves en el Renacimiento.
“A mí me gustó mucho indagar sobre estos autores clásicos griegos y latinos, y entender que toda la concepción del mundo, de la metafísica hasta la retórica, está concebida ahí. Eso te lleva a conectarte con toda una tradición, por ejemplo, en el medio de la escolástica. Ahora voy en el siglo 17”.
Beatriz se refugia en los libros “nobles” porque en ellos encuentra “mucha sabiduría”. Le permiten entender mejor su entorno y le ayudan a ser equilibrada en las diferentes pistas de su vida.
El periodismo y el activismo
En Puebla, donde vivía antes de conocer a AMLO, trabajó en medios críticos. Los políticos poblanos le tenían pánico.
“No era que me tuvieran miedo. A lo mejor yo hacía las preguntas que no se atrevían a hacer otros periodistas.








