Siempre llegabas tarde, pero llegabas. Y lo que es más importante siempre llegabas a tiempo a dónde pasaba algo. Por eso, decidimos escribirte un día después, seguro de haberlo hecho ayer te hubiera parecido de muy mal gusto. Nunca cumpliste algún horario.
Se me hace fácil reconstruir cómo te podría contar las últimas horas a los últimos días de la elección. Estarías muy contento porque los jóvenes -augurando ese despertar que siempre quisiste- hicieron de esta elección, y ya veremos con qué consecuencias, una fiesta de guardar.
Estarías triste, con la tristeza congénita de los siglos: porque pese a saber todo lo que se sabe acerca de los gobernantes mexicanos, el pueblo de México, una y otra vez, parece incapaz de librarse de ellos.
Estarías contento porque al final del día con todo y todo, hay cosas que han significado un gran avance, por ejemplo, los derechos sobre las opciones más íntimas y más personales de la gente. Y todo eso, mi querido Monsi, ya no está en peligro pase lo que pase el próximo domingo primero de julio.
Por lo demás, si en algún momento determinado nuestra historia la resumió El Infierno, así como La Ley de Herodes con todo lo que significa “o te chingas o te jodes”, ahora Colosio -o los muertos mal enterrados de la historia- nos vino a visitar durante este proceso electoral.
El poder quiere seguir encontrando la manera de hipotecar, comprar, alquilar, cuartear y prostituir el pensamiento pero es inevitable porque desde los Medichis y los Borgias hasta nuestros días, todo talento necesitó ser comprado, subvencionado y algunas veces, prostituido hasta físicamente.
No somos un país mejor desde que formas parte de la eternidad pero por un momento con algunos destellos se puede pensar que podemos llegar a ser el país que tú querías: tolerante y cívico sin confundir que la frase “nosotros el pueblo” muchas veces es nada más que un sinónimo de fracaso.
El futuro será mejor porque la esperanza resumida en los jóvenes -que es tanto como el reino de tus gatos- puede claramente, si quiere, echar a temblar las estructuras. Y tú ya sabes porque ves pasar por delante de ti a los distintos Gadafis y Mubaraks y sin querer comparar porque cada país tiene su propia monstruo y maldad, los jóvenes, como en algún momento nos pusieron a todos a soñar en el 68, con aquello de “ser realistas, pedir lo imposible”, ahora viven un despertar que sin duda te robaría una sincera sonrisa.
Monsi sigues vivo. Allí donde haya una buena intención, allí donde haya un derecho civil por reconquistar, allí donde haya una conquista social que garantizar, estás vivo. Y allí donde un gato mire con esos ojos de sabiduría, que solo posen las mujeres, también te mantendrás vivo.
Tú ya ganaste y ganaste porque eres el 133 que sonríe desde todas partes.









