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Moreira rompe su luto

En su primera entrevista ante las cámaras de Reporte Indigo, el ex presidente del PRI se dice insatisfecho con las averiguaciones sobre el asesinato de su hijo José Eduardo, revela que fue una venganza de “El Z40” y señala a empresarios mineros de Coahuila como lavadores del crimen organizado

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En julio del 2009 Humberto Moreira, entonces gobernador de Coahuila, lanzó una severa denuncia en Reporte Indigo contra la guerra de Felipe Calderón al crimen organizado.

Dijo entonces que ese no era el camino, que la violencia no se combatía con violencia. Que lo que hacía falta era inteligencia para detectar a los delincuentes y capturarlos.

Y alertó contra la bomba de tiempo que se gestaba en los penales estatales que estaban rebasados en sus capacidades por el exceso de capturas.

Sus temores fueron fundados. Tanto, que ahora sufre en carne viva el luto de perder a su primogénito José Eduardo, victimado hace tres semanas en Ciudad Acuña.

Las revelaciones de Humberto Moreira, el padre, en la entrevista de hoy ante las cámaras de Reporte Indigo, dejan en claro que no está satisfecho con los resultados de las investigaciones.

Y es que si bien ya fueron capturados los que levantaron a su hijo y lo ultimaron, también es cierto que los autores intelectuales, lo que planearon por cualquier motivo su muerte, están libres, sin identificar.

Humberto Moreira vive el drama por el que ya pasaron miles y miles mexicanos. Desde la identificación del cuerpo de su hijo, esposo o hermano, hasta las indagatorias, los careos, los expedientes. Y al final, nada.

El drama es mayor, como lo dice el mismo ex presidente nacional del PRI, para aquellos padres, madres o hermanos de los que están desaparecidos. De todos aquellos que simplemente “se esfumaron”. A los que no se les puede llorar porque se ignora su condición y su destino.

Humberto Moreira guardaba su luto y mantenía hasta ayer su silencio. Pero decidió romperlos para lanzar una voz de alerta. 

Contra los gobernantes que plantean sus estrategias de guerra desde la ignorancia del rival al que van a enfrentar o los intereses que se pondrán en juego con su acciones.

Contra los que se dicen empresarios mineros y que terminan explotando la miseria que les permite convertir sus modestas operaciones en emporios del crimen y del lavado de dinero.

Contra los jefes policíacos que aceptan por incapacidad o por ignorancia a policías que no pasan la menor prueba de confianza, como sucedió con los uniformados que están confesos de entregar y asesinar a su hijo José Eduardo.

Las reflexiones de Humberto Moreira son dignas de atención porque no son las del político, sino las del hombre, las del padre reflexivo que en su dolor no acierta a explicar la ausencia del hijo que tanto prometía.

Y se valoran todavía más cuando se entiende que también habla el hermano del actual gobernador de Coahuila, la máxima autoridad responsable de las investigaciones de la muerte de su sobrino. Diferencias sí, pero nada que defender, nada que ocultar.

La tesis del crimen es clara. El suelo coahuilense entró en disputa de dos bandas Zeta. La que dominaba históricamente con Morales Treviño, alias “El Z40”. Y la que se importó del estado de Hidalgo, con Heriberto Lazcano, alias “El Lazca”.

La policía estatal mató en una emboscada al sobrino de “El Z40”. La represalia fue ultimar a un sobrino del gobernador. El que fuera. Lo anunciaron en las mantas que aparecieron la mañana en que José Eduardo fue asesinado.

Pero la investigación aún no concluye. Y está claro que Humberto Moreira no descansará hasta ver no a los títeres, sino a los titiriteros, pagando su pena. 

No sabe si lo verá en este o en el próximo gobierno federal. Pero creyente como es, está convencido que será en esta vida.

A TRES SEMANAS...

> RAG: Han pasado tres semanas y un día de que tu hijo José Eduardo fue victimado por un grupo de delincuencia organizada, aquí en Coahuila. ¿Cuáles son tus sentimientos sobre esta situación? ¿Qué has reflexionado en este tiempo, en estos días que han pasado desde aquel hecho?

HM: Es muy difícil desde el momento que no alcanzas a creer qué te pasó. Está uno acostumbrado a ver esto en los medios, pero nunca llegas a pensar que te pueda pasar.

Es muy difícil saber también que están implicados policías municipales que son los que lo llevaron y se lo entregaron. El saber esta historia, que en su propia camioneta se suben los que lo mataron y la policía escoltando la camioneta. La policía municipal, la patrulla de la policía municipal, que son policías que no pasaron la acreditación de confianza y los mantenían ahí.

Es muy difícil saber que el director de informática de la anterior administración, Lenin Pérez Rivera –hijo de Evaristo Pérez Arreola, que en algunas ocasiones estuvo ahí haciendo presentaciones de obras, de calles que queríamos pavimentar, de bulevares– haya sido el que protegió a dos de los policías y los tenía escondidos. Por una parte es eso.

Por otra parte ver que yo estoy en el 98 por ciento de los mexicanos que son víctimas y no se les ha resuelto. Toda esta difusión que se da, que se va avanzando en el caso de mi hijo, no es cierto. 

Aplaudo que detengan los policías. Pero los asesinos materiales no están detenidos. El asesino intelectual tampoco está detenido. 

Es impotencia. Y es muy triste –sobre todo la parte más triste obviamente es la muerte– pero ver que te muestran el mapa de cómo fue el crimen, ver la foto de mi hijo en la camioneta. 

No lo torturaron, traía lesiones en las manos donde lo esposaron. Hay un tiro cuando él se trata de cubrir, se supone eso en el estudio pericial que hicieron, que entra por el brazo, lo perfora, sale. Y otro tiro que le dan, el tiro mortal en la cabeza, en la nuca. 

Cambia la vida totalmente, te das cuenta que las investigaciones, en mi caso y en el de miles de mexicanos se van muy despacio. 

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