Qué difícil es mandar hoy. Porque, ¿quién manda de verdad? ¿Merkel? Ella manda contracorriente.
Si se fijan bien, en la foto de Los Cabos, los poderosos del mundo recibieron una lección de tranquilidad a cargo del único político que parece feliz en medio de un proceso electoral en su país. A meses de dejar su cargo y recibiendo en medio de la mayor crisis de la historia mundial reciente a sus colegas, Felipe Calderón fue el más cómodo.
Calderón tiene razón en algo: los problemas que se aplazan se vuelven más graves. El Grupo de los 20 ha constatado lo que ya se sabe: para pagar, hay que producir. Y tanta austeridad como la que Alemania ha querido imponer en su dieta de rebajarse el sueldo, trabajar más horas y que todo se puede, no funciona en el mundo.
En Los Cabos ha comenzado lo que será la tercera derrota histórica alemana. Una fue en 1914, otra en 1945 y ahora en 2012. ¿Por qué? Porque ya no hay para dónde hacerse.
Veamos qué pasó en Los Cabos. El presidente chino miró a sus más de mil 300 millones de habitantes y dijo: si la economía mundial está muerta, ¿a quién le venderé? Y si no vendo, no produzco; y si no produzco, ¿quién mantendrá la paz social en mi país?
Obama, por su lado, dijo: háganle como quieran. Y qué bueno que quieran tener un cuerpo con menos grasa, pero hasta que lleguemos a ese momento, ¿quién lo consigue sin morirse? O mejor dicho, ¿quién puede aguantar una dieta sin siquiera agua con azúcar –como si uno fuera Gandhi–, que es lo que propone Alemania para salir de la crisis? Obama está a favor de sanear, pero sobre la vida, no sobre la muerte.
¿De Europa? Mejor ni hablar. Ese caballero de la triste figura –que es en lo que se ha convertido el presidente del gobierno español– coloca los clavos en la cruz de un modelo que sencillamente no pudo ser y para el que aún no existe alternativa.
¿Y los mexicanos? Nosotros nos dedicamos a promover nuestra estabilidad en medio de un proceso electoral con un presidente absolutamente sereno. Fuimos anfitriones de la reunión económica más importante del mundo, no por sus consecuencias, sino porque no hay para dónde hacerle.
¿Qué pasará con España e Italia? Pues que si no se afloja la presión sobre su deuda, estallarán, y junto con estos dos países lo hará toda Europa y el euro.
¿Qué le conviene a los chinos? Que los europeos vuelvan a producir para que vuelvan a comprar y que el dólar no se devalúe. Éste es el momento en que China debe hacer valer su poder económico y financiero para sustituir la pérdida de su capacidad industrial.
¿Y qué le pasará a Estados Unidos? Pues, de momento, está comprando toda Europa a precio de saldo. Y si pareció que estaba en una trampa mortal porque los chinos eran los dueños de su deuda, ahora Estados Unidos se ha convertido en el único garante de la estabilidad china. Además, naturalmente y salvo excepciones, puede ganar Obama, y entonces todo volverá a empezar.
Nosotros tenemos una oportunidad de oro. Hay que agradecerle a Calderón la versión de estabilidad que ha dado al proceso en frente de todos, y hay que decirle a los candidatos que ése es el camino, pero que no se equivoquen, que la gran lección para todo el que quiere ser nuestro presidente –los dos o tres que parecen llegar al final– es una: la manera tradicional de ver los modelos económicos se acabó.
Los países tienen problemas comunes, desgracias colectivas, pero soluciones individuales, y en la época de la globalización, el gran mensaje del G20 para la siguiente campaña, para la política moderna, es: no hay más remedio que tener un programa económico propio, porque afuera solo reina la oscuridad.









