#Puntossobrelasíes

¡Me emociona!

La semana pasada paseando por el Zócalo y viendo como un niño miraba a un soldado y este lo tomaba de la mano para acercarle a la exposición, recordé ese tiempo en que no todo en México pasaba por el Ejército
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Por fin, después de los bloqueos, los plantones, el narco, las autodefensas -y la lista podría seguir- esta vez, las vallas en el Zócalo no son para proteger a un gobierno. Las vallas y los soldados en el Zócalo capitalino son para acercar al pueblo de México a su origen. 

Hay países, como el nuestro, donde el ejército fue siempre una manera de romper el yugo eterno del subdesarrollo. 

Hay países, como el nuestro, en los que (desde el “Chacal” Huerta) no tenemos un General que mirando el balcón del Palacio Nacional se pregunte: ¿Por qué no yo? ¿Por qué no habría de ocuparlo yo? Y si se lo preguntan, gracias a Plutarco Elías Calles y a la propia fidelidad del ejército mexicano, todavía no ha habido nadie que diga ahora me toca a mí. 

Por eso, el Ejército de México, que antes de la carnicería de Calderón, era junto con la UNAM una de las instituciones más respetadas y queridas por los mexicanos, necesita encontrar maneras de explicar que pese a los abusos y las injusticias que se les imputa a algunos de sus integrantes, el ejército viene del pueblo, está por el pueblo y solo tiene la voluntad de servir al pueblo. 

Y el pueblo de México necesita tocar bocas de fusiles, no humeantes, unas que no hayan tenido que disparar para defender o que en un encuentro hayan matado a un primo o, simplemente, hayan participado en un enfrentamiento con sicarios –que no olvidemos, también son mexicanos– y que al final hayan producido tantos y tantos muertos. 

Todas las guerras son terribles. Las peores, por ser las más crueles, las más dañinas, las más sangrientas y las más terribles son las civiles. 

Nosotros, tenemos una Guerra Civil. Sin embargo, la semana pasada paseando por el Zócalo y viendo como un niño miraba a un soldado y este lo tomaba de la mano para acercarle a la exposición, recordé ese tiempo en que no todo en México pasaba por el Ejército. 

Me preocupa y me asusta mucho, que el Ejército mexicano esté para todo: para ayudar a la gente tras los huracanes Ingrid y  Manuel, para acabar con “Los Zetas” y “Los Templarios”, para frenar a las autodefensas. Para todo. Solo falta que el Gobierno quiera que mandemos al Ejército a Brasil a ganar el Mundial. 

Me pregunto: ¿quién sacará la cuenta de cuáles son los daños colaterales de usar el ejército para todo, hurgándole la posibilidad de que tenga una victoria? No olvidemos que un ejército está hecho para la guerra. Y esta guerra, la de Calderón, es un enfrentamiento civil entre mexicanos de imposible victoria.

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