Si tu familia está compuesta por cuatro miembros y tu ingreso mensual es de alrededor de tres salarios mínimos -unos 5 mil 600 pesos-, muy apenas podrás comprar una canasta básica de alimentos.
Con una ración diaria por persona de dos a tres huevos, seis tortillas, 250 gramos de pollo o carne, porciones de arroz y frijoles, algunas galletas y un vaso de leche, se agotaría tu sueldo, que equivale al ingreso promedio que perciben los mexicanos cada mes.
En el sexenio de Felipe Calderón, los precios de algunos alimentos básicos se han triplicado. Es el caso del huevo, el azúcar y hasta los frijoles. En contraste, el salario mínimo solo ha subido 28 por ciento.
Es como una versión mexicana de los juegos del hambre. En este caso, las familias cada vez pueden comprar menos alimentos y tienen que volverse creativas para hacer que sus ingresos alcancen para lo básico.
En 2006, con menos se compraba más.
Hace seis años, con tres salarios mínimos, que eran unos 4 mil 380 pesos, se podía pagar una canasta básica similar a la actual, y hasta sobraban mil 316 pesos.
Los datos duros
En diciembre de 2006, un salario mínimo alcanzaba para comprar 3.7 kilos de huevo; el de ahora solamente rinde para 1.8 kilos. En el caso de la tortilla, se podían adquirir 8.1 kilos, ahora nada más 5.1 kilos.
Por lo que respecta al frijol bayo, el salario mínimo vigente no es suficiente para comprar ni siquiera la mitad de lo que se podía adquirir en 2006. Hace seis años, era posible comprar 4.6 kilos; hoy los consumidores tienen que conformarse con 2.2 kilos.
Con el pan, el azúcar, el pollo, la carne y la leche sucede algo similar.
El problema es grave porque afecta a quienes menos tienen, que constituyen la mayoría de la población.
Seis de cada 10 mexicanos viven con 5 mil 600 pesos mensuales (tres salarios mínimos), lo cual los ubica debajo de la línea de pobreza. Y son ellos quienes destinan hasta 44 por ciento de su ingreso para comprar los alimentos básicos.
Son 67 millones de personas que se han visto forzadas a eliminar productos de la canasta básica. O, en el mejor de los casos, a comprar lo mismo, pero en menor cantidad.
Este hecho parecía irrelevante hasta la semana pasada, cuando se desató la crisis del huevo. Después de adoptar diversas medidas de contención, Felipe Calderón anunció el viernes 24 de agosto que destinaría 3 mil millones de pesos para apoyar a los productores de huevo.
Y al procurador federal de Protección al Consumidor, Bernardo Altamirano, se le ocurrió calmar los ánimos proponiendo una canasta inteligente de productos “adecuados para los mexicanos”, la cual evidentemente no incluye el huevo porque el kilo cuesta 40 pesos.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) informó que la canasta básica costaba 805 pesos en 2006, y para finales de 2011 ya estaba en mil 67 pesos, un alza de 32 por ciento.
A esto hay que agregar el incremento registrado en lo que va del año, que en junio se ubicó en 8.5 por ciento.
Los hechos ahí están, los números también. Pero surgen varias preguntas: ¿Por qué subieron tanto los precios de los alimentos básicos? ¿Lo pudo haber evitado el gobierno de Calderón? ¿Qué instrumentos tiene la administración actual para resolver la crisis alimentaria?
Analicemos.
Una guerra que se perdió
Apenas un mes después de tomar posesión como presidente y declarar la guerra al narco, Felipe Calderón fue sorprendido por otro enemigo.
El 6 de enero de 2007 estalló la crisis de la tortilla. En algunos mercados del país, su precio se disparó de 6 a 15 pesos por kilo.
Aunque desde las postrimerías del gobierno de Vicente Fox surgieron las primeras señales de que la tortilla se podría encarecer, nadie prestó atención. Y el problema le estalló en las manos a Calderón.
El secretario de Economía del nuevo gabinete, Eduardo Sojo –hoy director de Inegi–, tuvo que salir a dar la cara el 9 de enero en su primera conferencia de prensa.
“El aumento de la tortilla tiene que ver con el aumento del precio del maíz; tiene que ver con asuntos coyunturales, como cuestiones de transporte, aunque eso se va a resolver en los próximos meses”, dijo.
Y aunque se implantaron medidas que paliaron la crisis, el gobierno no ha podido encontrar una solución de fondo.
En 2008, según cifras del Coneval, el número de pobres en situación de pobreza alimentaria era de 21 millones de personas. Una cifra alarmante si se considera que durante el gobierno de Fox, 12 millones de mexicanos ingresaron a las filas de la pobreza.
La sequía
El pasado 17 de agosto, el portal del Banco Mundial México publicó un artículo escrito por Williem Janssen y Svetlana Edmeades, quienes hablan de las amenazas que se ciernen sobre México debido a la sequía que padece Estados Unidos.
Y a medida que sube el precio de los alimentos básicos –por tercera vez en cinco años–, también aumenta la inquietud en torno a la seguridad alimentaria.
Los autores del artículo plantean tres preguntas: ¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo afecta a América Latina y el Caribe? ¿Qué deberíamos hacer?
Y apuntan que la sequía es una de las principales causas del problema.
“La actual sequía en EE. UU. es la peor en más de 50 años. El Departamento de Agricultura (USDA) indicó en julio que apenas el 31 por ciento de la cosecha de maíz se encontraba en un estado de bueno a excelente.
“La soja se enfrenta a una situación similar, dado que los pronósticos climáticos ofrecen pocas posibilidades de que la situación se revierta. Asimismo, la situación de la cosecha de trigo europea –especialmente en Rusia y Kazajistán– también comienza a preocupar”.








